Javier Manterola. Mirando al Norte, mirando al Sur
Publicado el 26/08/2024 a las 07:19
Javier Manterola recibía en abril el título de Colegiado de Honor en el Colegio de Ingenieros de Caminos de Madrid. No lejos de allí, dando un paseo hace años, me confió que los puentes no pueden existir sin la música de Bach o la escultura de Henry Moore. Y concluía, la ingeniería moderna supone una convulsión de la cultura. A Javier, los signos de una ecuación de ingeniería se le figuraban rocas que amparaban nuevos espacios como el Golden Gate, donde uno puede estar, sin caer en la cuenta de que los estás usando. Y eso, decía, nos cambia.
Esa transmutación la percibió Jorge Oteiza, tumbado con Basterrechea dentro del cromlech del alto de Aguiña. El Cromlech es un espacio sagrado rodeado de piedras y Oteiza vuelve a usar ese “espacio desocupado”, olvidado durante más de tres mil años. Arizmendarrieta, en Mondragón, hace cromlech el espacio cooperativo de la Fábrica. Balenciaga, en Guetaria, convierte esa fábrica en Vestido para la mujer. Oteiza, en Orio hace Caja del vestido y Chillida, en San Sebastián, torna la caja en Pliegue que abstrae el vacío.
Javier Manterola, en Pamplona, transforma ese pliegue en “arco resistente” para que sus puentes liberen el Aire. Aire que al ser atravesado nos hace percibir lo mismo que a Oteiza cuando usa el cromlech, que te cambia sin darte cuenta; como penetrado por algo sagrado, por la holgura del aire.
Javier, interrumpió a su hijo Carlos, que leía a los presentes en el acto del Colegio de Ingenieros lo que él había preparado para la ocasión, pero que ya no podía leer, y dijo mirándonos a cada uno: “Gracias a las gentes que hicieron posible hacerme Aire”. “La Holgura se va haciendo cada vez más concreta, cada vez más pequeña, cada vez más sutil, cada vez más material: Edificio, Vestido, Caja, Pliegue, Aire”.
Javier Torres Ruiz. Ingeniero de Caminos