La alegría de celebrar
Publicado el 07/08/2024 a las 09:28
Estamos en verano en plena efervescencia festiva: San Fermín, La Magdalena, Santiago, San Joaquín y Santa Ana, San Esteban, hoy La Virgen Blanca, la de las Nieves…. Un mar de alegría vibra por las calles de nuestros pueblos y ciudades en honor de Dios, la Virgen y los santos.
Estaba yo en la víspera de Santiago por el Paseo de Sarasate en Pamplona y me encontré con el grupo de ‘Danzas e Gaitas Santiago Apóstol’, los vi bailar con su gracia gallega, cuando terminaron me acerqué a saludarlos, el que portaba el estandarte, un señor entrado en años me explicó lo que al día siguiente tenían para celebrar al Apóstol: pasacalles, fiesta en el parque de los Enamorados, aperitivo con productos gallegos…, pero que lo más importante era la Santa Misa solemne y que había que ir. Agradecí la recomendación. En ocasiones a los cristianos los han tildado de tristes, pero tanta fiesta cristiana que tenemos ha dilatado la alegría, poniendo el acento, para celebrarlo, en variadas manifestaciones según los lugares.
Los cristianos, tenemos la suerte de acudir y confiar nuestras vidas a Dios que nos bendice y el ejemplo de muchos santos para llevar una vida honrada que facilite la convivencia con los demás. Nos dan sentido para cada momento, reconociendo sus vidas santas a base de fe, esperanza, caridad y demás virtudes humanas y sobrenaturales. En agradecimiento les celebramos con mucha satisfacción y expansión humana, siendo el núcleo central la Santa Misa y de la cual: los pasacalles, los coros, las danzas, los aperitivos, las músicas..., siguen en las calles recordando a quién celebramos. Es un sentido central cristiano, del cual sale la alegría de celebrar. Ahora que en París y a “lo grande y desvergonzadamente mofándose” se desdeña con blasfemias la Santa Cena del Señor que, ha dado y sigue dando vida y sentido a los cristianos, e incluso a los que lo desprecian, no podemos nosotros, dejar de poner ese centro eucarístico en todas nuestras fiestas, quedarían sin sentido y desvirtuado cualquier surgimiento de celebración. Sigamos viviendo, como decía nuestro arzobispo don Florencio, con espíritu olímpico nuestras fiestas, comenzando en honor al que se celebra con la Santa Misa y con los demás actos y riquezas culturales que cada ciudad y pueblo tiene costumbre, así nuestra alegría tendrá un norte, un por qué y será completa.