Ecologismo barato

Mª Elena Arenaz Erburu

Publicado el 10/07/2024 a las 07:48

Una de las corrientes culturales de nuestro tiempo es la ecología: el cuidado de los mares, de la atmósfera (emisiones de gases), ruidos (decibelios), la limpieza de los bosques…., parecen movimientos que proponen soluciones existenciales que prometen salvar la civilización de un posible colapso.

Pero, ¿construyen una ecología sensata y conforme a la dignidad de las personas? Muchas veces se olvidan del ser humano, desprestigiándolo con el aborto, la eutanasia, la soledad, la agresividad, los gritos, la violencia, el no respeto…

Hace un mes, pasando por un colegio, estaban en el recreo jugando los niños pequeños. Era un ruido estruendoso y nadie se escuchaba ni se entendía; una amiga que iba conmigo comentó que en nuestra época no gritábamos tanto y jugábamos más riéndonos; por otra parte, paseando por San Fermín, donde mucha gente consume a ultranza y por otra parte no sabe dónde poner los restos de su consumo pues he visto pocas papeleras en la ciudad para tan ingente movimiento de personas, me he percatado de alguna que otra ecología “barata”, la de los que juegan a doble filo: el de la ignorancia y a su vez los del buen deseo pero sin una buena orientación.

Así, me encuentro en los jardines de la Taconera una imagen cuando menos chocante: una columna que soporta un tiesto de piedra con unas flores, la base aún tiene sitio para albergar lo no esperado: un montón de botellas y latas de bebida colocadas alrededor del tiesto. No pude por menos que sacarle una foto por lo insólito de la idea, aunque en San Fermín se puede esperar cualquier originalidad tanto simpática como de mal gusto. Después de sacar la foto me dirigía para casa cuando, un niño de unos 5 años intentaba retirar una lata de bebida que había en el suelo, metiéndola por el hueco de una alcantarilla. Dos sucesos absurdos, pensaba yo, por conservar la ciudad limpia y colaborar con ese mundo ecológico en lo personal y en lo de cada día. El otro día en TV comentaron que en no sé qué lugar, iban a prohibir coger las inocentes conchas de la playa porque se las quitamos a los cangrejos ermitaños.

No les quito buena intención a estas tres propuestas, pero pienso que simboliza el comenzar nuestro ejercicio ecológico a nivel mundial y a nivel personal por el tejado, dando tumbos y probando a jugar perdidos en un mar de decisiones muchas veces contradictorias como las de arriba del principio del escrito comentadas. En nuestro desparpajo publicitario abundan bocas que proclaman una nueva revolución saneadora, como el G2030 que en sus buenos postulados adolece de políticas familiares sanas para empezar ingnorándolas y proclamando un desarrollo sostenible cuyos protagonistas primeros son los componentes y miembros familiares que hacen posible las sociedades. Que los ecologismos de cualquier aspecto empiecen a construirlos no por el tejado sino por las personas, reconociendo su dignidad y respetándola, ellos sabrán después aplicar ese ecologismo sensato a las demás esferas de la sociedad y en lo concreto para nuestra Pamplona en fiestas unas calles limpias de desechos, de violencias…

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