Lo que duele, duele

Edurne Bernal Zaragüeta

Publicado el 09/04/2024 a las 07:23

A finales de marzo recibí la notificación de una multa de tráfico por parte de la Policía Municipal de Pamplona por “estacionar de forma incorrecta sin obstruir gravemente la circulación ni causar peligro” en el recinto del Hospital de Navarra próximo a los pabellones de Oncología y Hematología el día 2-2-23. Mejor dicho, recibí una providencia de apremio con los recargos pertinentes, ya que había transcurrido un año desde el día en que se cometió la infracción. La multa ya está abonada, pero saber en qué circunstancias se produjo la infracción me ha dolido, la verdad sea dicha. Quien tenga la experiencia de transitar por estos lugares sabe muy bien lo que supone el día a día de los enfermos de cáncer, cosa que algunos policías municipales desconocen y, como tal, les invito a que se den una vuelta por la sala de espera de Oncología y verán que dicha sala todos, todos los días del año se encuentra abarrotada de gente que tiene consulta o tratamiento. Allí te encontrarás con personas de todas las edades porque el cáncer a día de hoy sigue atacando sin hacer distinciones de edad. Aunque, como es lógico, son más numerosas las personas mayores; personas mayores acompañadas de sus hijos o hijas, que han dejado ese día sus trabajos para acudir con ellos al médico y que, en principio, están con la moral a tope para enfrentarse a cualquier contratiempo.

Y digo cualquier contratiempo porque la casuística de cosas que pueden ocurrir con estas personas mayores hasta llegar al hospital es, cuando menos, pintoresca. Muchos necesitan ir al baño hasta tres o cuatro veces, otros que ya tienen la cabeza para poco aunque habíamos quedado a una hora prudente, ese día se han olvidado de la cita médica y se han marchado a dar un paseo y ha habido que salir a buscarles. Toda una odisea hasta llegar al hospital con el tiempo al límite y cumplir con la última y difícil tarea de aparcar, y aparcar lo más cerca posible porque estos mayores tienen ya las fuerzas muy justas y solas no las puedes dejar porque se desorientan. Por todo ello, nunca imaginé esa falta de empatía y de desconsideración por parte de la policía municipal que le lleve a vigilar esos espacios reducidos de aparcamiento en la zona hospitalaria y sancionar a esos infractores que, por desgracia, acuden con bastante frecuencia a Oncología.

Posdata: mi padre fallecía a las dos semanas de esa denuncia.

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