Labrador era mi padre

Javier del Castillo Bandrés

Publicado el 03/04/2024 a las 07:29

Nací en una familia de clase media, de labranza, mayoritariamente cerealista, que completaba cultivos con viñas y olivos, con huerta, y se complementaba de ganadería doméstica: la agricultura clásica de la primera mitad del siglo XX. Ese fue nuestro medio de vida y el de la inmensa mayoría de las familias de todos los pueblos de Navarra, de campos y montes: producir alimentos básicos para el autoconsumo y para consumo del resto de la población. No había supermercados ni globalización y, entonces sí, todos los productos alimentarios eran de cercanía, del tiempo (no había congelados) y naturales; el término “ecológico” llega mucho más tarde… Esas pequeñas empresas familiares empleaban trabajadores fijos y temporales. Industrias casi no existían, so pena de las que se relacionaban con el campo: fábricas de harinas, queserías, mataderos municipales, aserraderos… La dureza del medio rural curtía a aquellas personas, hombres y mujeres, habituándoles a vencer adversidades; los pequeños logros que conseguían les colmaban de alegría, manteniendo siempre la ilusión del sembrador: el amor a ese trabajo que propicia una nueva vida de las semillas y plantas que él deposita en la tierra cuidadosamente preparada. Mi amigo Antonio Purroy Unanua, ingeniero agrónomo y catedrático en la UPNA, me regaló un libro sobre la agricultura navarra, que escribió junto con su compañero, también catedrático de la UPNA, José Antonio Mendizábal. Recomiendo al aficionado al campo su lectura entrañable y documentada y vivirán la transición de esa época que acabo de esbozar, de ese precario sistema de producción hasta el de nuestros días.

Hoy, la agricultura navarra ocupa un lugar destacado en el mundo agropecuario español. El gran motor del sector agrario en Navarra, su modernización y esplendor actual, se produjo de la mano de la Diputación Foral con la creación de la Escuela de Peritos Agrícolas de Villava, el cooperativismo, Evena, Oposa Semillas, Viticultura, Granja Agrícola, etc … Sin embargo, en este largo periodo de huelga de los agricultores, siento desencanto por el menosprecio que Parlamento y Gobierno de Navarra han mostrado por ellos, mal catalogando políticamente además a los profesionales del agro. El deber de las instituciones (las personas pasamos, ellas siguen) es servir a las necesidades de todos, ahora a las de los agricultores y ganaderos, con sus amplios espectros ideológicos, como el resto de la comunidad. Así que, sus cargos electos, como representantes de todos nosotros, hagan debates de utilidad en busca de acuerdos, con hechos útiles, dignos y creíbles …al grano y no ballueca. Querer es poder. Por mi experiencia sé de consenso y pactos... y nuestro régimen de autogobierno foral, aunque en menor medida que en tiempos anteriores a nuestra entrada en la UE, puede por ejemplo moderar las directrices de la PAC y también las fiscales. Paso a paso, con buena voluntad, lealtad y respeto hay que avanzar en el progreso real para solucionar este verdadero conflicto social. Ese debe ser el objetivo tendencia.

Amo la agricultura, la ganadería y la naturaleza. Vi a mi padre trabajar la tierra con herramientas manuales y fuerza motriz animal. Hoy mi hijo, alumno de la UPNA, se ilusiona en esas mismas tierras con tractores, GPS y riegos de aspersión. Por él, por los pocos jóvenes como él, quiero terminar manifestando mi total apoyo a cuantas personas forman parte del mundo rural, ganadero y forestal, comprometidos con el desarrollo, la despoblación, y la producción de calidad: siempre han sido pacíficos y pacientes y así se debe seguir. Las acciones violentas contra la Presidenta del Gobierno de Navarra, el Parlamento Foral y todas, las condeno profundamente: la única fuerza, la de la razón. Y, como dice el lema de la primera cooperativa vinícola navarra, de Olite: “Unos por Otros. Dios por Todos”.

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