El ejemplo de Maggie Friedrich
Publicado el 12/03/2024 a las 07:20
Siempre que he estado en Kenia ha sido para trabajar en proyectos de cooperación en los barrios más pobres de Nairobi. Con frecuencia me he encontrado en situaciones complejas, siempre relacionadas con el abandono y la pobreza de sus gentes. Una de ellas, tal vez sea de las más cruentas que he podido vivir, está relacionada con las mujeres abandonadas de los Slums de Nairobi de Viwandani y de Mukuru.
En una de esas ocasiones, tras colaborar en el Centro de Educación Especial Corpus Cristi gestionado por los Marianistas de Nairobi, Consolata, la directora de este centro, me pidió que le acompañara a visitar una iniciativa surgida de un grupo de voluntarios de Estados Unidos, cuya misión es rescatar a madres desamparadas por sus maridos y sus familias, y que se han visto obligadas a prostituirse para dar de comer a sus hijos. Al frente de esta iniciativa está Maggie Friedrich, una mujer valiente que tenía resuelta la vida en su país, Estados Unidos, y que dejó todo para atender a las que eran explotadas y golpeadas con suma violencia en sus cuerpos y en sus almas. Una vez que eran engañadas por la redes de explotación sexual, les pagaban el equivalente a una comida, con la que tan apenas podían alimentar a sus hijos y pagar el alquiler de la infravivienda construida con planchas metálicas y cartones.
Maggie nos recibió con una sonrisa sincera y agradecida. Con mucha serenidad y modestia nos explicó el trabajo que hacen para atender a esas jovencísimas madres abandonadas y vilipendiadas por unos sinvergüenzas desalmados. En silencio y sin darse importancia, comprobé cómo realiza una auténtica tarea de rescate de mujeres atrapadas en las redes de la prostitución, atendiendo a estas madres en lo más básico, dándoles comida, formación para que puedan realizar un trabajo, curando las heridas del alma y del cuerpo, en definitiva, dando esperanza.
Los amigos americanos de Maggie colaboran con fondos para poder dar becas a los hijos de estas madres, de modo que puedan acudir a la escuela durante el curso. En verano organizan unos campamentos infantiles a fin de evitar que los niños se junten con maleantes y sean utilizados como distribuidores de droga, o explotados también sexualmente.
En ocasiones he enviado algún mensaje a Maggie para visitarla y estudiar cómo poder colaborar con su trabajo. En alguna ocasión me ha dicho que está agotada y necesita reposo. Su trabajo es tan intenso que llega a la extenuación. Con frecuencia se pasa varios días desconectada del lío del hogar de acogida, descansa lo que puede y deja el alma en paz, para luego intentar dar paz a sus mamás con renovadas energías, a las mujeres abandonadas, olvidadas y por las que pocos más trabajan. Habiendo celebrado el Día Internacional de la Mujer, me viene a la memoria personas como Maggie, con su tremenda sonrisa y su capacidad de trabajo, pero también las mujeres abandonadas y explotadas, de las que se habla poco. Pienso también en aquellas madres valientes que tienen que dejar a sus hijos a expensas de la hija mayor, de no más de siete años, para vender unos plátanos a fin de ganar unos pocos céntimos. Pienso, en resumen, en todas las mujeres que trabajan por hacer felices a los demás, poniendo su corazón al servicio de los que más lo necesitan.
Juan Cañada Guallar, impulsor de Proyectos de Cooperación al Desarrollo en África.