Saber decir "no"

Asier Larrinaga Álvarez

Actualizado el 21/02/2024 a las 07:30

Siendo madres y padres de menores en edad escolar, nos preocupamos por su educación, como es natural. Nos referimos a la educación que les damos en casa, una educación que permita disfrutar de una convivencia adecuada en la comunidad. Intentamos educar para respetar al prójimo o la diferencia, pero también nos parece muy importante el aprendizaje de hacerse respetar, sabiendo, por ejemplo, decir no adecuadamente a las propuestas que son inapropiadas, injustas o abusivas para ellos y ellas.

Es sabido que una de las herramientas más importantes que tenemos en casa para llevar adelante la educación es dar ejemplo, mostrando coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Y precisamente por eso hemos decidido votar ‘no’ a la jornada continua en la consulta que se va a realizar en las escuelas de nuestros hijas e hijos, en otras palabras, decir ‘no’ adecuadamente.

La palabra “no” suele considerarse negativa, pero desde el punto de vista antes explicado prevalece el carácter positivo y autoafirmante. Es, pues, hora de emplear positivamente esta palabra, según la coherencia mencionada.

En los últimos años hemos probado la jornada continua y, a pesar de las evidentes consecuencias que no nos gustan, en nuestro entorno nos hemos adaptado organizativamente de una u otra manera para avanzar. Pero somos conscientes de que no todo el mundo tiene los mismos recursos y que implantar esta modalidad en todas las escuelas y para siempre está siendo un gran problema que se haría aún más grande para muchas familias, sobre todo para los menores. Ignorar el problema de los demás porque tengo el “mío” resuelto sería absolutamente insolidario y, además, a largo plazo “para mí” también sería perjudicial porque lo que es malo para la comunidad es malo para todas sus partes. En el proceso de llegar a esta conclusión hay muchas horas de lectura, debate y reflexión. Pero por encima de razones organizativas y pedagógicas hay otra que nos preocupa profundamente: la forma de hacer las cosas y el daño que ha sufrido la comunidad educativa. El ambiente agresivo y competitivo que se ha sufrido en diferentes escuelas no es, precisamente, el que debería caracterizar a una institución educativa pública y, mucho menos, el mejor ejemplo para nuestras hijas e hijos.

Por todo ello, y por respeto propio y a la comunidad, tenemos clara nuestra decisión para la votación de los próximos días.

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