En defensa del campo
Publicado el 19/02/2024 a las 07:13
Como hija y nieta de agricultores y granjeros (durante varios años mi padre tuvo una pequeña granja en la que criaba gallinas, conejos y cerdos), y persona que ha “agachado el lomo” en múltiples ocasiones para ayudar a su padre me siento concernida en defender el campo.
Hay quien cree que el campo son tractores y cosechadoras y señoritos que no hacen nada. Nada más lejos de la realidad. Tractores y cosechadoras se utilizan generalmente en grandes plantaciones de trigo, cebada o maíz. Por cierto: trigo con el que se fabrica la harina con el que se hace el pan nuestro de cada día, o que se usa para repostería o para albardar el pescado o espesar salsas. O cebada con la que se elabora la cerveza, esa que tanto gusta al personal o con la que se alimenta junto con el maíz y otros cereales a los animales en períodos en los que el pasto escasea.
Pero el campo es mucho más que eso. El campo es también fruta y verdura de la que todos disfrutamos. Fruta y verdura que muchas veces requiere de mano de obra humana dispuesta a trabajar a destajo, sí, a destajo, así trabajan muchos agricultores que no conocen de horas de trabajo ni días de la semana de fiesta y no digamos ya los ganaderos. Porque el producto que se va poner hay que comprarlo, plantarlo o sembrarlo según de que se trate, regarlo, abonarlo, quitar la hierba de alrededor, recogerlo, limpiarlo, largo de todo el año; haga frío o calor, esté helando o haya un sol abrasador. Y eso si hablamos de una verdura normal porque por ejemplo al ajo hay que sacarle los castrones (eso que luego se vende como ajetes frescos), quitarles las bolas, trenzarlos. O la uva con la que se elaboran esos excelentes calos con los que disfrutamos en este país. Hay que cuidar la viña para que no le ataque la filoxera o cualquier otra enfermedad, también hay que despuntarla, recoger los sarmientos y vendimiar. Está el guisante que se cosecha de noche o mucha fruta que hay que recogerla una a una. Para que luego le paguen al agricultor 0.15 € el kilo de cebolla que luego se vende en el mercado a 1.68 € el kilo. Aún hay quién dice: “Es que no es sólo recogerlo hasta que llega al mercado hay muchos costes”. ¿Y antes de recogerlo no hay muchos costes?
Y qué decir del espárrago, nuestro producto estrella. Aquí sí que hay que agachar el lomo para recogerlo y hasta hace unos años era necesario llevar a cabo todo el proceso antes de que saliera el sol y las puntas dejaran de ser blancas, porque se lo pagan al agricultor a la mitad de precio.
Los agricultores y ganaderos son por lo general personas recias, poco dadas a manifestaciones, lo suyo es trabajar y mirar al cielo esperando tener un año rico en agua y sol, pero cada uno en su momento. Cosa que no sucede normalmente en los últimos años. Malos años para las cosechas y sin contar con que han de competir con lo que viene de fuera y no cuenta con las mismas garantías ni los mismos filtros que lo de aquí. Entiendo lo hartos que tienen que estar de tantas trabas nivel europeo y nacional para que por fin hayan decidido luchar por lo suyo. Y encima tengan que escuchar críticas de los que no han trabajado en su vida. Espero y deseo que consigan al menos la mayoría de lo que demandan.
Sólo diré que mi padre, después de todo un día de trabajo, llegaba a casa y después de cenar se ponía a leer el periódico y si alguna vez le preguntaba: “¿Papá, estás muy cansado?” Él, siempre me respondía invariablemente: “¿Yo? ¿De qué? Si no he hecho nada”.