Economía positiva, esa gran desconocida

Marian Sainz Marqués, Directora de Amavir Oblatas, Concejala del PSN/PSOE Valle de Egüés

Publicado el 16/02/2024 a las 07:27

Ante el cansancio, ante esos momentos que las cosas no salen como esperabas por muchas horas que metas, antes de rendirte y pensar que el aprendizaje no es parte del camino, hagamos una mirada introspectiva y profunda, incentivando el autoconocimiento como una de las principales habilidades de nuestra inteligencia emocional.

Si por un momento realizamos una parada y escuchamos el trasfondo del ruido de cada día, escucharemos con claridad la crispación social que convive cada día con nosotras y nosotros como un fenómeno que ha ganado protagonismo en diversos contextos y momentos de la realidad de nuestro día a día. Este estado de agitación, tensión y descontento en la sociedad puede surgir debido a una variedad de factores que van desde tensiones políticas hasta las desigualdades económicas. Hay un diagnóstico claro de las causas subyacentes de la crispación social pero nunca debemos de perder de vista las posibles soluciones para mitigar sus efectos. No podemos quedarnos en la queja, el victimismo y el desarraigo por una sociedad que no nos debe ser ajena, porque somos parte de ella. En estos días escuchamos constantemente la palabra polarización, la polarización política y la falta de confianza en las instituciones, es una realidad que alimenta la crispación social y que no debemos de ignorar.

La percepción de que las decisiones políticas no representan los intereses de la mayoría o si, es perceptible según la propia realidad de cada individuo. Pero lo que es real, es que pueden exacerbar la tensión y generar resentimiento y frustración. La crispación puede afectar la calidad de las interacciones sociales, generando un clima de desconfianza y hostilidad resultando mucho más difícil crear implicación y sentimiento de pertenencia. No es raro escuchar historias con diferentes rostros que se muestran desencantados con lo que les rodea.

Una sociedad en el que la palabra que nace del corazón, y que debería ser la herramienta más valiosa para mediar en un conflicto o para crear puentes de diálogo y consenso, en vez de ser considerada como una fortaleza y uno de los elementos más importantes en la comunicación sin barreras, la consideramos una debilidad. ¿Por qué? Porque pensamos que las emociones, los valores nos hacen más débiles e inseguros con miedo a perder nuestra cuota de poder. Es un error pensar que el escuchar, el hablar de ciertas cosas no ayuda a impulsar el respeto y el compromiso en las relaciones sociales y laborales. Todo lo no hablado, lo silenciado, será una implosión susceptible de dañar lentamente nuestra salud mental que tarde o temprano explotará como un grito ahogado a través del cuerpo y cada vez sonará más fuerte. Trabajar la gestión de las emociones, impulsar los valores, la escucha activa, el respeto y no sentirnos amenazados constantemente son elementos que se dan en los entornos Bani, entornos que nos invitan a ser más resilientes, más productivos y a ser más flexibles con nosotros y con los demás

Por eso, ante esos momentos que las cosas no salen como esperamos o cuando la crispación, que se ejerce sobre el individuo puede afectar a tu bienestar psicológico y emocional, ante esos momentos... apelemos al conocimiento de uno mismo, a la motivación como mejor aliada y compañera. A la pasión, a la entrega del esfuerzo y la honestidad. Trabajar desde el pensamiento lateral es invertir en productividad y en nuevas oportunidades desde una perspectiva más creativa y abierta a nuevos enfoques y menos confrontaciones.

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