Perdonar: el Papa y Javier Milei

Mª Elena Arenaz Erburu

Publicado el 14/02/2024 a las 07:23

En la información de estos días se ve una foto del Santo Padre abrazando a Milei, presidente de Argentina. No sería esto noticia si no fuera porque Javier Milei, en su campaña electoral, insultó gravemente al Santo Padre. Esta foto es elocuente porque el ofendido abraza cariñosamente a Milei. Y es que el perdón, en ocasiones, cuesta Dios y ayuda, por eso el Santo Padre apoyado en la ayuda de Dios sale de sí mismo y va al encuentro del otro sin juzgarlo, ofreciendo una nueva oportunidad al ofensor y para él una paz interior que le da Dios de olvidar las ofensas recibidas. En ocasiones el perdón, tanto por interés personal como por interés hacia los demás, no cuesta demasiado ofrecerlo, quizá porque la falta no sea importante o porque hay personas grandes de ánimo que desean la fraternidad antes que la enemistad. En otras ocasiones las ofensas pueden ser tan graves que una vez escuché a una teóloga decir que es muy difícil perdonar si no se acude a la instancia divina para pedir fuerza. En la vida cotidiana, el perdón es una ganancia para el que lo da y el que lo recibe y pierden su oportunidad tanto los que no piden perdón como los que no quieren recibirlo. El Papa, coherente con lo que cree, ha dicho en ocasiones que sin el perdón no hay esperanza, no hay paz. El perdón es el oxígeno que purifica el aire contaminado por el odio, el antídoto que cura los venenos del rencor.

Me viene a la memoria, como a ustedes lectores, tantos actos embadurnados de tensión de no perdón en las relaciones personales, familiares, laborales, sociales, de estado, internacionales…en los que el muro de la soberbia impide el acercamiento y el entendimiento humano y el corazón mantiene el músculo duro como una piedra y no se relaja. Cuando juzguemos estos odios, es bueno mirarnos a nosotros mismos y ver si hay distancias, indiferencias…con los que nos rodean y solucionarlo con la generosidad que da la grandeza de ánimo que, supone avanzar en medio de la adversidad, emprendiendo sin miedo esa paz entre yo y el otro. Predicar con el ejemplo como lo ha hecho el Santo Padre, nos hace más humanos y distiende las relaciones de enemistad que pudiera haber en nuestra vida, facilitando las relaciones personales y calmando y saneando nuestro corazón de rencores personales.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora