El valor del esfuerzo
Publicado el 31/01/2024 a las 07:22
En el mundo hedonista en el que vivimos actualmente, donde la comodidad y la gratificación instantánea son cada vez más predominantes, el concepto del esfuerzo parece perderse en un mar de relativismo y desdén. Sin embargo, la importancia del esfuerzo en el desarrollo individual y colectivo sigue siendo un pilar fundamental para cualquier sociedad que aspire a ser justa y próspera. La meritocracia, entendida como un sistema donde el mérito individual es uno de los principales determinantes del éxito, es ciertamente imperfecta y no está exenta de críticas. Sin embargo, desestimar la importancia del esfuerzo y el mérito es negar una parte esencial de lo que nos hace humanos. Nuestra capacidad para superar obstáculos, aprender y crecer a través de nuestros esfuerzos es el motor de cualquier progreso, ya sea individual o colectivo.
Escribo este texto porque recientemente, durante una charla a los jóvenes concursantes del programa “Operación Triunfo”, Samantha Hudson, una figura pública relativamente conocida, manifestó que la meritocracia no existe y que esforzarse no sirve prácticamente de nada. En mi opinión, este punto de vista parece ignorar un aspecto crucial de la realidad social y personal: la dignidad inherente al esfuerzo y su papel esencial en la consecución de metas.
Analizando dichas afirmaciones desde una perspectiva más política y en mayor profundidad, se puede afirmar que el discurso de esta persona refleja una narrativa más amplia que se ha observado en ciertos sectores de la izquierda española durante los últimos años. Esta narrativa promueve la idea de que el Estado debe ser el principal proveedor de bienestar, para conseguir ese objetivo, minimizan el valor del esfuerzo individual y la autodeterminación. Mientras que el apoyo del Estado es crucial en ciertas circunstancias, promover una dependencia total del mismo es totalmente contraproducente. Fomenta una sociedad donde el esfuerzo personal y la búsqueda de la excelencia se ven desplazados por la expectativa de asistencia estatal, lo que a medio/largo plazo limita claramente la existencia de ciudadanos libres y críticos con el gobierno, fomentando el clientelismo político, ¿Quién muerde la mano que le da de comer?
Este enfoque me resulta especialmente preocupante cuando se dirige a un público joven. En este caso a los propios concursantes y a miles de jóvenes que consumen este tipo de “talent shows”. Al transmitir a las generaciones más jóvenes la idea de que su esfuerzo no tiene valor o que la meritocracia es una ilusión, se corre el riesgo de desmotivarlos y desalentarlos de perseguir sus aspiraciones con determinación y arduo trabajo. Está en juego la formación de una nueva sociedad donde los conceptos de esfuerzo y mérito se minimicen y se vean relegados al pasado.
La promoción del esfuerzo individual es crucial para forjar jóvenes libres y autosuficientes, capaces de tomar las riendas de su propio destino sin depender de la intervención gubernamental. Cuando se subestima el valor del esfuerzo personal y se promueve la dependencia del Estado, se corre el riesgo de crear una generación que vea en el gobierno no un facilitador, sino un proveedor de soluciones a todos sus problemas. Esta dependencia no solo limita la libertad individual, sino que también compromete la capacidad de autogestión y resiliencia de los jóvenes ante los desafíos de la vida. En contraste, alentar el esfuerzo y la autosuficiencia empodera a los jóvenes para que sean agentes activos en su desarrollo personal y profesional, liberándolos de la necesidad de depender de políticas gubernamentales que, aunque bienintencionadas, pueden resultar paternalistas y poco edificantes. Una juventud empoderada por el valor del esfuerzo es una juventud preparada para contribuir de manera significativa a la sociedad, manteniendo su independencia y libertad frente a cualquier forma de dependencia estatal.
Contrastando con la visión aportada por Hudson, me parece fundamental reconocer que el esfuerzo personal es un motor de cambio en la democracia liberal en la que vivimos. A lo largo de la historia podemos encontrar innumerables ejemplos, solo tenemos que pensar en nuestros padres y abuelos, que demuestran cómo individuos, a través de su dedicación y trabajo duro, han superado adversidades y alcanzado logros significativos. Estas historias no solo inspiran, sino que son el ejemplo vivo de que el esfuerzo existe, de que trabajar duro tiene su recompensa y de que a través del mérito se puede alcanzar el éxito. Cuando hablo de éxito no me refiero a ganar mucho dinero, poder o prestigio, el éxito se debe medir siempre en satisfacción personal y en felicidad, no en el número de casas, coches o cenas en restaurantes.
Por supuesto, y esto es innegable, es importante reconocer que el esfuerzo individual no es el único ingrediente para alcanzar el éxito. Existen factores estructurales y circunstancias que pueden limitar las oportunidades y los resultados. De ahí la importancia de la política en mayúsculas, la que consigue crear una sociedad equitativa, donde cada persona tenga la oportunidad real de triunfar mediante su esfuerzo. A pesar de las críticas y los desafíos, creo que es crucial defender y promover desde las instituciones y los partidos políticos la importancia del esfuerzo, la meritocracia y la autodeterminación como valores fundamentales para el desarrollo individual y colectivo. Una sociedad que valora y fomenta el esfuerzo es una sociedad que se empodera para alcanzar su máximo potencial.
Carlos Jiménez Ruiz, presidente de NNGG Navarra.