Sola y sin ayuda
Publicado el 16/01/2024 a las 07:23
Gracias a la carta de agradecimiento “A los profesionales y compañeros del hospital”, publicada en este mismo periódico el pasado sábado 30 de diciembre, me he podido poner en contacto con Raquel, la que fuera paciente y compañera mía en el Hospital de Salud Mental Irubide.
Ha querido contar una parte de su historia de vida. Sufre un trastorno bipolar. Padece depresión y en su momento tuvo un fuerte brote psicótico. Un día despertó en el hospital de agudos con las manos atadas a una camilla. Se encontraba sola, desorientada y pedía ayuda a gritos. Nadie acudió en su ayuda. Ni siquiera podía ir al baño. Denuncia el trato que recibió. Lo califica de “inhumano” y “vejatorio”. Su estancia en este hospital sigue muy presente en su memoria.
Posteriormente, sería derivada al Hospital de día Irubide. Fue entonces cuando nos conocimos y cuando comenzó a mejorar su calidad de vida. Empezó a participar activamente en las terapias grupales. Tuvo la valentía de abrirse y contarnos su experiencia. Aprovechó las sesiones de taller para desarrollar sus habilidades como dibujante. Y, finalmente, asumió que debía de tomar medicación de por vida. El resultado fue el alta médica. Hay un debate abierto entre los profesionales de salud mental acerca del tratamiento que debe recibir una persona en un hospital de agudos. Quiero destacar la valentía y la contribución a la sociedad que ha hecho mi compañera de fatigas. Es muy difícil hacer públicas nuestras vivencias. Hay mucho dolor de por medio. Pero tenemos un compromiso por delante. Reivindicamos nuestro derecho a no ser estigmatizados y señalados por el hecho de ser pacientes psiquiátricos. Pedimos recibir una atención médica adecuada y por eso demandamos más recursos a la administración.
El miedo y la desinformación hacen que pensemos erróneamente sobre las personas con estas dolencias. Cuando se comete un crimen siempre oímos “la persona en cuestión sufría un trastorno mental”, y eso nos hace etiquetar a todas las personas con esta clase de problemas como violentos. Y no es así. De hecho ocurre lo contrario. Tenemos más probabilidades de sufrir un altercado violento. Además, faltamos al honor de personas con dolencias psíquicas que contribuyeron al desarrollo de la ciencia y la cultura.
Sir Isaac Newton (trastorno bipolar paranoide), John Nash (trastorno bipolar y esquizofrenia), Edgar Allan Poe o Piotr Tchaikovsky forman parte de una larga lista de personalidades históricas que padecieron bipolaridad. En la actualidad Margaret Trudeau, Martin Scorsese o Mariah Carey han publicado que padecen un trastorno bipolar. Sin olvidarnos del director y guionista de El Padrino, Francis Ford Coppola. Pero nuestra labor no es sólo la de denunciar una situación de injusticia. Debemos dar cuenta también de los lazos emocionales que surgen en los hospitales de día. No sólo entre los pacientes, sino también entre profesionales y pacientes. El mundo nunca es blanco o negro. Hay historias de amor y solidaridad que surgen de los lugares aparentemente más oscuros.
En la actualidad, Raquel es Técnico en Anatomía Patológica en el Hospital Universitario Donostia de San Sebastián