Santiago Padrós en Pamplona
Publicado el 28/12/2023 a las 07:24
Es diciembre en Pamplona y a estas alturas hace ya semanas que aquí hemos guardado las vacaciones en maletas de cartón, como canta sensualmente Brigitte Bardot desde La Madrague en Saint-Tropez. Salgo rutinariamente del trabajo y como un autómata cruzo la calle hasta alcanzar el Paseo de Sarasate. Estoy cansado a esta hora, pero no es la fatiga lo que duele, es la maldad que me circunda. Cuando era niño me interesaban las cosas de mayores y a menudo preguntaba, me preguntaba, por si algo era bonito. “Y la fábrica, ¿es bonita?”, interrogo. Y la persona mayor responde “bueno, es una fábrica, no está hecha para ser bonita”. Eso me deja desconcertado. El inmueble es gris, como la ciudad, y objetivamente feo. Alguien tuvo la feliz idea de deshacerse de Casa Goyena, pero al menos otro alguien tuvo la más feliz idea de encargar el mosaico de la fachada. Contemplo una escena del Camino de Santiago en la que desfilan principales personajes y tiene como línea del cielo hitos arquitectónicos de Navarra. El brillo de las teselas vítreas policromadas y la ceremoniosa disposición de las figuras me provoca una sonrisa al divisar la firma del autor en el lado inferior derecho Padrós. La firma también coincide con predios que he conocido de niño y de mayor, decoraciones de vestíbulos de Calafell, Villa Poseidón en Comarruga, la fachada del Hotel Carlton junto a Atocha o los bellos mosaicos que recubren todo el altar de la iglesia del Cristo de Medinaceli en Madrid. Pienso que Santiago Padrós fue el más grande artista musivario de España en la segunda parte del siglo XX y que es un privilegio tenerlo en Pamplona. Padrós decoró la mayoría de las iglesias modernas españolas y tuvo como obra cumbre la realización de la cúpula del Valle de los Caídos. Como hombre se vio inmerso en las tribulaciones de una guerra civil y tomó partido por un bando. Como artista nos dejó su obra, luminosa, bizantina, moderna y hermosa. A estas alturas comprendo que Calíope, la musa de la belleza y la poesía épica, me ha traído hasta aquí y no en vano. Ahora estoy seguro de que tras la primavera volveré a contemplar los mosaicos de Padrós en Calafell y Comarruga. Ahora entiendo que sólo la belleza nos puede salvar, ahora sé que sólo la belleza me redime.