Valientes anónimos al final de la vida
Publicado el 18/10/2023 a las 07:16
La enfermería es mucho más que una profesión, es cercanía, empatía, amor… Las visitas continuas que realizamos para ver qué tal están, si tienen dolor y precisan analgesia, para ver cómo se encuentran los acompañantes o para ayudarles a beber agua que refresque su maltrecho y desgastado cuerpo, hace que nuestra relación con el paciente sea más profunda e íntima.
Pero los pacientes en situación terminal tienen algo en común: son auténticos combatientes, valientes que no miran atrás. Se podrían asemejar a los soldados de infantería de primera línea. Su valor y fortaleza no te dejan indiferente. Encaran la enfermedad con aceptación, no sé si decir resignación porque tampoco quieren morir aunque sí que aceptan que sus planes no van más allá de la semana o del día siguiente.
Son personas agradecidas, que te devuelven una sonrisa a pesar de saber que algo no va bien. Que un apretón de manos para ellos simboliza fuerza, y que los pequeños planes que para nosotros pueden ser insignificantes o aburridos, para ellos son los mejores.
El cariño que nos manifiestan los pacientes es muy halagador y satisfactorio. Nos mantiene alegres y siempre dispuestas a cuidar y dar cariño a los que están pasando por momentos difíciles. Cada día nos dan lecciones de vida. Casi nos obligan a reflexionar sobre lo importante que son las pequeñas cosas, a pararnos a pensar en cómo puedo quejarme por no haber podido coger entradas para un concierto, o por no haber podido salir de “juevintxo” al tener prácticas en turno de mañana. Estas personas nos ponen delante el valor de la vida desde lo más elemental; seguir viviendo es estar ahí, respirando, sonriendo y dándonos las gracias por atenderlos.
Por todos los pacientes luchadores que nos enseñan que vivir, merece la pena.
Jeruca Oneca Huarte, estudiante de 4º de Enfermería.