A la Real Federación Española de Fútbol

José Ignacio Camiruaga Mieza

Publicado el 25/08/2023 a las 07:50

Dice la Real Academia de la Lengua Española que: 1.- “Consentir” es permitir algo o condescender en que algo se haga. Sí es sí. No es no. Pero ciertamente consentir no es “robar” un beso aunque a ese beso se le llame “pico”. 2.- “Guardar decoro” es comportarse con arreglo a la propia condición social. Luis Manuel Rubiales Béjar, presidente de la Real Federación Española de Fútbol desde el 17 de mayo de 2018 (y anteriormente Presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles), y tras unos saltos con los brazos en alto, se llevó su mano derecha a los genitales mientras se podía leer en sus labios ‘¡Vamos!’ Ambos hechos ocurrieron el 20 de agosto en un acto oficial y público como lo es el palco en una final de fútbol femenino en un torneo mundial. Los juicios de valor seguramente pueden ser y serán muchos e, incluso, diversos. Todo depende. De gustibus dispuntandum non est. Pero ni un signo (el así llamado “pico”), ni el otro signo (el tocamiento en sus genitales) me parecen, sin más, simples salidas de tono aunque ciertamente son dos signos del todo inconvenientes y, seguramente (quiero creer), hasta inesperados en un hombre y en una persona que representa la institución de un país en determinado ámbito. No, no me parecen simples cuestiones de buen o mal gusto sino, en un caso, de respeto hacia la dignidad y libertad de una persona, en este caso una mujer, y, en otro caso, también de educación y respeto a un cargo institucional en nombre de un país y en un ámbito muy determinado. Me deja perplejo que adía de hoy nada haya cambiado. Y me asustaría el pensar que nada cambiara en los próximos días en forma de renuncia propia al cargo que ocupa el mencionado Señor Luis Rubiales, o bien de decisión fulminante de su dimisión por parte de la autoridad competente. No, no me parece de recibo que semejantes acciones (quizá también sustentadas por determinadas actitudes que están más al fondo y que me asustan aún más) tengan una carta de ciudadanía libre, normalizada. No me parece de recibo en nadie bajo ningún aspecto y en ninguna circunstancia. Tampoco, por ende, en un cargo institucional. Y si este tipo de acciones, y de supuestas actitudes, quedaran así, sin más, sería para hacérselo mirar como cultura, institución, país, etc. En ciertas acciones (y actitudes) la tolerancia creo que tendría que ser no más de una tolerancia cero. No es cuestión solamente de un sonreírnos ante lo que algunos pudieran calificar como mera salida de tono ni de apelar a la euforia del momento ni al typical spanish latino y gamberrete. Leí una vez que “quien a su hijo consiente, va engordando una serpiente.” No, no consintamos lo que seguramente no podemos consentir, también para que no engorde sobremanera todo aquello que sea desde irrespetuoso hasta zafio. Nos echamos manos a la cabeza hacia las muestras de racismo y otras manifestaciones de barbaridades más o menos consentidas en el fútbol. A lo mejor es que ciertas serpientes las estamos dejando y haciendo engordar. No transijamos con una sonrisa cómplice. La grosería puede generar más grosería.

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