Sanidad pública: ¿conciencia ciudadana?
Publicado el 18/08/2023 a las 07:23
Tengo que decir que me vengo viendo sorprendido por el devenir que, en nuestra Navarra, está verificándose en lo relativo a la Sanidad. Uno de los emblemas que, entre otros, también están en una triste decadencia, y más se han enarbolado en nuestra Historia. No llego a comprender esta deriva, cuando la palabra más en boga -repetida hasta la náusea- es la de “progresismo”. Sin entrar en aspectos políticos, me pregunto si progresismo ha dejado de tener el significado de evolución constante hacia una consecución del mayor beneficio Social posible.
Y lo de Social lo pongo con mayúscula dado su significado global. Progresismo no es el estandarte por el cual cualquier persona, aprovechando su posición ideológica (cualquiera) en el contexto Social, consiga su beneficio “particular”. Máxime, si se ha aupado a esa posición a través de la confianza depositada por los votos de otros (cualesquiera) y en base a unas propuestas programáticas que luego se las lleva el viento y por las cuales nunca (y lo reseño: nunca) se le piden responsabilidades. Y que volverá a repetir sin rubor alguno cuando vuelva a necesitar nuestros votos para mantener su sueldo y posición.
En general, no veo líderes coherentes por ningún lado. Sí una ingente cantidad de “asalariados por cuenta nuestra” que probablemente, por competencia aptitud- actitud y resultados, no llegarían ni en sus mejores sueños a optar por un puesto de trabajo, de ese nivel compensatorio, en ninguna empresa donde el dinero no sea de origen público.
Si hay algún factor primordial (básico) en el concepto de Bienestar Social (Progresismo puro) este es el de la Sanidad. Uno, que ya tiene sus primaveras ajadas, posee el suficiente bagaje de tiempo como para poder discernir, sin duda, la evolución a la baja -y con velocidad creciente- del sistema sanitario en general y de su Atención Primaria en particular. Y esta regresión está en boca de todos y, además, salta a los medios de comunicación un día sí y al otro también. Nos vienen con todo tipo de elucubraciones para que entendamos cosas que no se pueden admitir. El problema Sanitario, como muchos otros, está simplemente en la implicación de los presupuestos debidos. Por tanto, reside en la incompetencia de los políticos y de la amalgama de puestos de responsabilidad derivados de “estar en el sitio oportuno en el momento oportuno”, mientras los verdaderos profesionales competentes en la materia (y dentro del concepto general, en la amplia diversidad de áreas), se tienen que subrogar a ellos “por el artículo 33”.
Pero el problema más acuciante (crítico) se deriva de la población en general. Donde quiera que eches la vista, verás indignación en cualquier conversación. En bares, comercios, plazas, transportes públicos o en cualquier calle. Donde se debe, no verás expresar la misma indignación. Es más, lo que puedes observar es que, dependiendo de la tendencia política de quienes gobiernan en ese momento en las entidades municipales afectadas (y los que no, harán lo mismo cuando les toque), te pueden repetir las mismas excusas, sin sonrojo. Y lo que debieran hacer es tan simple como defender los derechos de sus habitantes “a capa y espada”. Y convocar manifestaciones, con ellos (todos) a la cabeza, donde esos habitantes acudan en masa a expresar su indignación, al margen de los corrillos. Un simple pueblo que salga en masa a una llamada así, con la correspondiente repercusión mediática, tendría mucho más efecto que las simples frases de andar por casa. Ahora, imaginemos a un conjunto de poblaciones afectadas recurrentemente, cuyas corporaciones municipales se ponen de acuerdo para una llamada colectiva, e incluso fletan todos los autobuses que hagan falta, para desplazarse a Pamplona y llenar todos los aledaños al Parlamento de Navarra. Como una piña. Y que les expliquen de qué va el tema de recortes presupuestarios, cuando se tiene una muy importante cantidad de dinero (suficiente, posiblemente, para dotar de la necesidades materiales y humanas que viene exponiendo el colectivo sanitario) invertida en parlamentarios y anexos, que sobran a todas luces. ¿Demagogo? ¿Peligrosa idea? Lo que ustedes quieran. Y, por favor, hablo de políticos en general. Que nadie me confunda, poniéndome apellidos de siglas.