Ante las elecciones del 23 de julio
Publicado el 20/07/2023 a las 07:20
Contemplo con angustia frecuentemente la situación de nuestra España en estos últimos años. Han sido tantos los atropellos banalizados y hasta premiados, las mentiras, los fiascos o simples errores no reconocidos, la utilización sectaria de la semántica, el derroche lujurioso del dinero público, ese que usted y yo aportamos a la caja. Todo ello amarga la vida de la gente y su tiempo; ese “cronos” que cada uno recorre por sí y con el que se construye la vida del hombre (“hecho de polvo y tiempo, el hombre dura…”. JL Borges). Su transcurso es rutinario ordinariamente, con los angustiosos sobresaltos de lo referido. Sin embargo, en ocasiones aparecen situaciones especiales en la vida en las que se dirimen cuestiones de transcendencia extrema, como la que se nos presenta el día 23 de julio. En ella, en el cronos ordinario destaca la encrucijada en el camino de la vida con alternativas en su itinerario: ¿cuál he de tomar?¿Prolongo el seguido hasta aquí? ¿Cambio a la izquierda o a la derecha? Esto es lo que los griegos llamaban KAIROS, ocasiones especiales de elección. La tarea inexorable y permanente ofrecida en cada momento de la vida humana.¡ Tal es la oferta de ese día 23: ¿mantenemos vigente la situación actual con toda la crispación social, política, la deuda ruinosa con un coste en intereses que supera los 40.000 millones de euros, y la perspectiva de prolongación a otra legislatura, que sería con seguridad constituyente y muy bien avalada por los socios, ahora reclamantes “de subida de precios”?; O bien, optamos por lo deseable y asequible: la normalización de nuestra política económica, tributaria, social, educativa. Esa es la disyuntiva ofrecida a usted y a mí el domingo como una ocasión excepcional, un KAIROS. Todo ello con el deseo de alcanzar la normalidad social, respetuosa con todos los integrantes de la comunidad. Se trata de excluir el insulto, el odio y la hostilidad en nuestro trato con el otro. En él debemos tener siempre un semejante, un prójimo; a ese semejante al que daríamos muy gustosamente medio litro de nuestra sangre.