Las nuevas idolatrías

Gerardo Castillo Ceballos

Publicado el 17/07/2023 a las 07:18

La idolatría ha existido en todas las épocas históricas. Lo que cambia es el tipo de ídolos. Actualmente ya no suelen adorarse objetos que representan la divinidad, sino determinados conceptos y formas de vida con las que nos identificamos. Este tipo de idolatría está considerada como la plaga de la posmodernidad. Unas declaraciones del Papa Francisco lo confirman: “la idolatría en el mundo actual es una tendencia humana que rinde culto a las carreras profesionales o al dinero hasta “esclavizar” y “obsesionar” a la gente. El ser humano no vive sin centrarse en algo y, por ello, el mundo ofrece el supermercado de los ídolos, que pueden ser objetos, imágenes, ideas o roles en la sociedad. Los ídolos prometen felicidad, pero no la dan.”.

Del dinero se espera, erróneamente, seguridad, en contraste con lo que decía Aristóteles: “la seguridad está en el nomos: en la concordia de hombres libres que buscan la vida buena; de ninguna manera en la riqueza”.

La idolatría a veces tiene su origen en una decepción. Como la supuesta felicidad del bienestar material no existe, el hombre queda triste y vacío. En esa situación se suele recurrir a “dioses” ideados por el hombre con la esperanza de que el culto idolátrico llene su vacío existencial.

Los nuevos ídolos están muy ligados a una sociedad que exalta el individualismo y el egocentrismo y que se ha hecho cada vez más tolerante con los caprichos del Yo. Es una sociedad que enaltece el culto a la personalidad y elige como ídolos a personajes famosos, a veces sin más mérito que salir mucho en la televisión.

Se adora a los hijos pequeños cuando se les quiere con un amor posesivo y sobreprotector. Eva Millet lo describe en su libro “Hiperpaternidad”. Son padres que ven al hijo como una extensión de sí mismos, al que hay que darle todo lo que desee. Algunos están obsesionados con la estimulación precoz y les ponen profesores particulares innecesarios. No son conscientes de que se están proyectando en el hijo.

Se adora el consumismo porque satisface la necesidad de aumentar nuestro ego a través de la compra compulsiva de más cosas. Un ejemplo es el Black Friday (Viernes Negro): cientos de personas haciendo largas colas para entrar en las tiendas en estampida y comprar con rebaja regalos para la Navidad. Les son aplicables una palabras de Eric Fromm: “si tú eres lo que tienes y pierdes lo que tienes, ¿entonces quién eres?”

Se adora la televisión porque después de un día de trabajo es relajante y no exige reflexión ni esfuerzo. Es una presencia pasiva. Sugiero seguir el consejo de Groucho Marx : “Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro”.

Se adora internet por sus posibilidades informativas, pero los riesgos del uso excesivo y arbitrario son muchos y muy serios, sobre todo en adolescentes. Puede crearse adicción a la sobreinformación, a portales de ciberbuying, cibersexo y ludopatía online.

Nadie está libre de incurrir en alguna de estas idolatrías. Por eso es conveniente hacer de vez en cuando un examen de conciencia y estar dispuesto a destronar posibles falsos dioses.

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