En el XXV aniversario de la autovía ‘en color’

José Ignacio Palacios Zuasti

Publicado el 24/06/2023 a las 08:29

La sección ‘Diario del recuerdo’ menciona que hace 25 años, el 23 de junio de 1998, con el corte de la cinta en la muga de Navarra con Álava, se puso en servicio el nudo de Alsasua y el desdoblamiento de la N-l en Olazagutía y Ciordia. Una obra, con la que se completaba la autovía de la Barranca y el eje de alta capacidad Pamplona-Vitoria que, como dijo entonces este periódico, “posiblemente era la más compleja de las acometidas en Navarra”, pues en un radio de kilómetro y medio se concentraban 15 estructuras o puentes y tuvo que ser ejecutada en un cruce de caminos de la carretera con más tráfico de nuestra Comunidad Foral, como era la N-I, y se hizo sin cortar esa vía de comunicación y sin suspender el tráfico ferroviario que por allí pasa.

La puesta en servicio de este tramo, que fue denominado como la Autovía ‘en color’, reveló un resultado insólito pues, por primera vez, una obra pública en Navarra con un gasto superior a los 1.000 millones de pesetas había costado menos de lo que estaba previsto. Era un momento en el que estaban recientes las liquidaciones de obras como la de Autovía del Norte (Irurzun-Andoáin), con una desviación del 46%, la de la Ronda Oeste de Pamplona, con un 57%, o la del tramo Irurtzun-Alsasua de esa misma Autovía de la Barranca, que era un pasillo sin ningún problema geográfico para poder realizar la obra, con un 33%.

La ejecución del Nudo de Alsasua había comenzado el 23 de noviembre de 1995 y cuando once meses después, septiembre de 1996, tomé posesión como consejero de Obras Públicas, arrastraba ya una desviación de más del 20%. A partir de ese momento, y gracias a los controles que establecimos en ese Departamento, logramos que en el momento de su inauguración su desviación fuera negativa, de menos 2,8%. Por lo que esta obra, que había sido adjudicada en 2.722 millones de pesetas, se acabó liquidando en 2.423, con lo que en ella se “ahorró” 299 millones de pesetas.

Afortunadamente, esa desviación negativa no fue una excepción sino el inició de una nueva etapa y el cierre de una época en la que había habido un ineficaz control de las inversiones en las obras públicas, pues todas las obras se liquidaban por encima del 25% del precio de su adjudicación. Fue así cómo, en los siete años que estuve en ese Departamento, logramos que la desviación media anual de las obras descendiera del 37,72 al 1,61% y lo hicimos habiendo adjudicado cuatro veces más obra pública que en los cinco años anteriores.

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