El despropósito del fútbol
Publicado el 16/06/2023 a las 07:21
Durante estos días de comienzos del verano, la ciudadanía asiste atónita a las noticias de los grandes fichajes en el mundo del fútbol. Los principales protagonistas son futbolistas, agentes jeques árabes y otros empresarios sin escrúpulos.
El fútbol había llegado ya muy lejos y prueba de ello son los sueldos millonarios de los futbolistas de las ligas inglesa, italiana, alemana, francesa y española, pero el devenir que han tomado los acontecimientos con la presencia de estos magnates del dinero rayan en lo obsceno. Se manejan unas cifras astronómicas como son los trescientos millones por temporada que tenían previsto pagar a Messi que multiplicado por las cuatro temporadas del contrato darían una suma final de 1.200 millones de euros; esto es cinco veces el presupuesto del Ayuntamiento de Pamplona. ¡Casi nada! Las cifras de Benzema o de Cristiano Ronaldo también son muy similares y la monarquía absoluta de Arabia Saudí se ha convertido en el líder indiscutible de este ranking de la vergüenza. Por hacer una comparativa -qué ilustre el asunto- el Ayuntamiento de Pamplona, con doscientos cincuenta millones de euros, paga el sueldo de 1000 funcionarios, amén del resto de gastos corrientes como alumbrado, inversiones, mantenimiento de parques, etc… Es inconcebible cómo una sola persona pueda cobrar esa cifra de trescientos millones por año libres de impuestos. Nadie lo puede entender, si lo que realmente se paga es el rendimiento de un trabajador, por muy buen futbolista que sea. Es evidente que este capitalismo salvaje al que asistimos desde hace tiempo ha llegado demasiado lejos, y resulta sorprendente que ninguna organización o institución hagan nada para evitarlo. Parafraseando el discurso liberal tan repetido por algunos políticos -de que el mercado se regula solo- asistimos impávidos a este despropósito que no hace sino aumentar la injusticia social. Ni la UEFA, ni la FIFA y menos los gobiernos que están muy ocupados en sus respectivas campañas electorales, osan hacer algo para terminar con estos fichajes que causan estupor entre la gente.
El mundo del fútbol siempre se ha movido con impunidad entre las pasiones desatadas por sus respectivas hinchadas y la opacidad de sus cuentas. Precisamente, como consecuencia de ese fervor que arrastra a las masas, han sido muchos los escándalos que hemos presenciado en los últimos años, con el F. C. Barcelona a la cabeza de la mala gestión en las finanzas. Desde el origen de los tiempos sabemos que los mercados no se regulan solos, sino que como dice el refranero español “la avaricia rompe el saco”. Por razones de equidad y de justicia social estas grandes fortunas no solo deben ser reguladas, sino que además se les debe exigir que paguen sus impuestos de una forma justa y generosa cosa que hoy por hoy no ocurre en esos países. Resulta incomprensible que estos jeques y otros personajes siniestros hayan hecho su fortuna con el dinero que la gente necesita para calentarse, desplazarse o encender la luz. Necesidades básicas que cada día resultan más gravosas para la economía familiar. Sin embargo, el común de los mortales presenciamos impertérritos cómo malgastan nuestro dinero en sus equipos de fútbol o en construir rascacielos en ciudades fantasmas, en países, por cierto, cuyos regímenes no cumplen con los derechos humanos, como se vio en el mundial de Qatar, con centenares de muertos acontecidos en la construcción de sus estadios. Es hora de que la FIFA se ponga a trabajar y deje de estar de perfil en un asunto que nos concierne a todos, como es la justicia social y la dignidad de las personas.