Los contenedores y la vida más fácil

Gabriel Asenjo

Publicado el 24/05/2023 a las 07:21

Observo desde la ventana a una señora mayor, anciana, intentar depositar su basura en el contenedor de residuos orgánicos. La escena produce tristeza e impotencia. Ignoro qué dicen las leyes de accesibilidad a edificios y servicios, pero lo que sí resulta claro es que la naturaleza del anciano revela que su patrimonio motriz, su equilibrio corporal y paciencia resultan insuficientes ante reto de acceder con éxito a los contenedores de la capital navarra. Al final, con la anciana a punto de desistir, dos universitarias se encargan de conducir la bolsa a su destino.

Si el buen diseño lo que persigue es hacernos más fácil la vida, resulta que nuestros contenedores hacen la vida mucho más complicada a esas personas cuyas extensiones cerebrales en forma de brazos y piernas ya no funcionan como antes, o a quienes, temporalmente, deben apoyarse en una muleta, bastón o taca-taca y tratan de superar con éxito las fases de apertura del contenedor. Y no digo nada si llueve, el contorno del contenedor está mojado, y, además de la bolsa de basura, uno lleva paraguas. Lo digo porque en tiempo de elecciones apenas escucho reivindicaciones en favor de ese segmento de la población que, por su avanzada edad, vota poco e importa menos. Observo abuelos esquivando bicicletas en las aceras, atemorizados ante un paso de peatones y sometidos a la humillación de solicitar ayuda en su entidad bancaria o impotentes en el momento de subir a un autobús y, si hay suerte, y no es línea y hora de público escolar, que alguien les ceda su asiento.

Ya sé que la cuestión puede resultar una tontería cuando en estas fechas electorales se cuestiona el atasco en la sanidad o la ética de alcanzar el poder a cualquier precio por encima de memorias de sangre y dolor; pero, repito, no escucho muchas voces sobre el edadismo. Más bien observo cierta discriminación hacia un sector altamente vulnerable. A veces, desprecio con los que menos voz tienen. Me da igual que los incómodos contenedores sean cosa de la Mancomunidad, del Ministerio o del Vaticano, pero que cambien el modelo pensando en los que, casi sin ayuda, afrontan la complicada lucha ante cambio biológico y el tecnológico.

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