Empanada m(ar)ental

Ignacio Janín

Publicado el 13/04/2023 a las 07:14

Como todo el mundo sabe, el Gobierno aprobó el pasado día 28 la Ley de Familias que, entre otras muchas cosas, establece medidas de apoyo para las ‘monomarentales’, cuando se dan en ellas determinadas circunstancias. Este neologismo, el de ‘monomarental’, ha sido ya objeto de todo tipo de consideraciones y comentarios, desde los más irónicos y mordaces hasta aquellos otros, más pedagógicos, en los que, previo reconocimiento de que se trata de un término que (aún) no ha sido registrado por la Real Academia, se nos explican las razones que han llevado a sus promotores a tener que inventarlo, con el fin, se nos dice, de dar más visibilidad a las personas de género femenino (hasta hace poco llamadas mujeres). Sin entrar en el fondo de la cuestión (que, como digo, ya está muy debatida) y tratando de ponerme por un momento en la piel de quienes, persuadidos de lo legítimo de su causa, defienden el uso de tal expresión, se me ocurre pensar que, alcanzada esta primera meta, por idénticos motivos y con los mismos nobles fines, se podría contemplar la posibilidad de ampliar el campo de actuación, aplicando la iniciativa a otras palabras y en especial a las que provienen de la misma raíz.

De este modo y si, como creo, ‘monomarental’ es una familia compuesta por una sola mujer con sus retoños (no estoy seguro de si también lo sea la constituída por nada más que una mujer), la formada por dos o más, con o sin prole, podría llamarse (aunque a lo mejor ya se llama y yo no me he enterado): ‘bimarental, trimarental’, etc. Y así, establecido el modelo, cualquiera podría, al hablar de la ‘marentela’ de la familia ‘mono o plurimarental’ que vive en el adosado contiguo, explicar qué tipo de ‘marentesco’ es el que tiene con sus ‘marientes’ de Miami, con las que ‘enmarentaron’ hace años. Claro que, llegados a este punto, nada nos impide poder sugerir que, cuando una futura mamá, informada ya de que lo que le trae la cigüeña es una nena (con perdón), pueda anunciar su intención de ‘marirla’ en el ‘maritorio’ de la nueva Maternidad. ¡Hay que ver qué maravilla! Hasta ahora ya habíamos conseguido ser ‘compañeros y compañeras’, teníamos ‘miembras, portavozas y jóvenas’, los médicos y las médicas habían dejado de llamarse así para llamarse ahora ‘medicina’ (tal como las enfermeras y los enfermeros se llaman ‘enfermería’). En adelante vamos a tener además familias ‘monomarentales’. Es admirable cómo progresamos y cómo la visibilidad de algunas mujeres nos empieza a deslumbrar. ¡Y todo gracias a la generosidad (y a la sabiduría) de esa gente valiente y rebelde que son las ministras (y los ministros) del Gobierno progresista de España!

¡Mil millones de rayos y centellas (que diría el capitán Haddock), qué empanada mental! Se consideran nuevos Adanes, descubriendo el mundo todos los días, pero más parecen adolescentes a los que sólo les falta el acné.

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