Un hijo o una mascota
Publicado el 12/04/2023 a las 07:15
Actualmente, España cuenta con más perros que niños. Según los datos de la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC) hay más de 9,3 millones de canes frente a 6,7 millones de niños menores de 15 años. Esto demuestra que las prioridades han cambiado. No tengo nada en contra del recurso a los animales de compañía, sobre todo para las personas que viven solas o son dependientes. Está comprobado que son de gran ayuda y tienen efectos terapéuticos; cuestión muy diferente es anteponer una mascota a un nuevo hijo. Quienes lo hacen aducen que la mascota es lo más parecido a tener un hijo; destacan sobre todo que suele ser muy cariñosa sin pedir casi nada a cambio. En algunos casos se llega al extremo de vestir las mascotas como humanos y pasearlas en carritos. Incluso se les incluye en los cumpleaños familiares, olvidando que este no es su hábitat natural.
A las motivaciones sentimentales se suman las de tipo práctico. Tener un animal de compañía en principio tiene menos coste económico y, además, no vincula a otra persona toda la vida, cosa que sí ocurre al tener un hijo.
A las mismas personas a quienes les parece una carga insoportable tener un hijo más, no les parece prohibitivo gastar su dinero en todo tipo de caprichos para su mascota. Por ejemplo, peluquerías caninas, mantas para el frío, una colección de vistosos collares, alfombras para dormir, etc. Ya existen “psicólogos” para combatir el estrés del perrito, curas de adelgazamiento y cuidadores para que no se queden nunca solos. Los animales se han convertido en un miembro más de la familia. En algunos casos de divorcio, la custodia de los hijos se resuelve con menos discusiones que la de la mascota. El Papa Francisco alertó recientemente sobre el egoísmo inherente al intento de que las mascotas ocupen el lugar de los hijos.
Es obvio que, a pesar de los animalistas, los perros no son seres humanos; son especies diferentes, con necesidades distintas a las de los bebés que se gestan en los vientres humanos. Tratarlos como tal es “humanizarlos”, lo que puede traer consecuencias negativas a largo plazo, ya que pueden sufrir crisis de ansiedad por separación. Utilizar a una mascota sin respetar las características de su especie para satisfacer carencias personales de su dueño, no es amar a los animales, sino maltratarlos. Uno de los síntomas del declive de las civilizaciones históricas es la excesiva preocupación por el bienestar animal. Sucedió en el Imperio Romano y parece que se está produciendo algo parecido en la actualidad.