¿Dónde queda el apreciado Sistema de Salud?

Izaskun Arsuaga Arellano

Publicado el 02/03/2023 a las 07:21

Aterricé en Pamplona por segunda vez hace unos cuarenta años. Una de las primeras cosas que me llamó poderosamente la atención al incorporarme a la vida laboral y social de la capital del Viejo Reino fue que, en general, las familias no tenían suscrito ningún seguro privado de salud.

En el pueblo guipuzcoano del que yo procedía, todo el que se lo podía permitir, lo contrataba. Enseguida descubrí la razón: la sociedad navarra era muy exigente. Incluso acuñé una especie de eslogan que hacía sonreír a mis próximos: “Nunca des a un navarro la oportunidad de sacar faltas”.

Nunca se la des porque la aprovechará. Iniciará la frase con un “anestésico local” del tipo “que no te sepa malo pero...”. Y cuando uno o una y por tanto la ciudadanía entera “le cuentan los pelos a un conejo” y no dejan pasar ni media pues... tienen una buena Sanidad, una buena Enseñanza y unos buenos Servicios en general. Por eso, ahora que me siento integrada y “asimilada” pienso en qué es lo que nos ha pasado, en dónde está nuestro espíritu crítico en por qué hemos llegado hasta aquí. No soy política ni sanitaria, solo soy paciente y entiendo que esto no tiene que ser nada fácil pero, ¿alguien tiene un plan viable cuya implantación, aunque “escueza” un poco al principio, nos garantice la continuidad de nuestro tan apreciado, alabado y envidiado Sistema Público de Salud y que este no se nos vaya al garete definitivamente? Yo no quiero que un administrativo (por muy competente y amable que sea) decida cuándo me tiene que ver mi médico. Yo quisiera conocer a mi médico de cabecera (¡ay, qué honorable y bonito título en extinción!), al de siempre, no al de este mes. No me gustaría esperar meses para iniciar una rehabilitación o para que me atendiera el especialista. En definitiva, no me gustaría que la Sanidad Privada tuviera que ser la única opción posible, siempre que una se lo pudiera permitir, naturalmente.

¿Quién va a dar con el “reflejo rotuliano” de la cuestión? ¿Consistiría en un cambio estructural que “pisaría muchos callos”? ¿Incluiría, tal vez, un copago “racional, liviano, proporcional, solidario, con las matizaciones y excepciones que fueran necesarias” que nadie se atreve a implantar? ¿O, con lo envejecida que está nuestra población, nos tendríamos que dar con un canto en los dientes si “Virgencita, conseguimos quedarnos como estamos”? En el caso de que alguien tenga una idea global clara, estoy deseando que la exponga y si esta idea es realista, sincera y consensuada, seguro que la apoyamos y nos apuntamos.

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