En el primer aniversario de la guerra de Ucrania
Publicado el 28/02/2023 a las 07:16
O el conflicto entre un iluminado con estuche atómico, ese místico que sueña con devolverle a la santa Rusia su antiguo esplendor, y un patriota inasequible al desaliento que enfundado en su camiseta caqui, en manga corta y sin estrellas ni condecoraciones, manda contra viento y marea un heroico ejército capaz de lo que nadie sospechaba, de resistir hasta el momento todos los embates del poderoso ejército ruso. Y ambos, éste es el problema, igualados en su absoluta incapacidad para ceder ni un palmo de terreno que posibilite un arreglo, resultando así que un conflicto aparentemente desigual pueda seguir con las espadas en alto después de un año y sin expectativa de arreglo. “Ucrania vencerá”, dice Zelenski. “Rusia es invencible - replica Putin-, y si esto sigue - viene a decirnos- se me puede acabar la paciencia, que ya me queda poca, en cuyo caso estoy dispuesto a abrir la caja de los truenos. Y ya se sabe a qué me refiero…”.
Pero lo más inquietante es que puede hacerlo porque nadie es capaz de predecir hasta dónde puede llegar un autócrata. Y en esas seguimos. ¿Hasta cuándo? Un razonable optimismo nos induce a pensar que hasta que ambos contendientes se den cuenta de que ninguno puede ganar (si China no interviene) llegando al fin a un arreglo que, aún insatisfactorio para todos, resulte suficiente para salvar las caras. Y mientras tanto los mismos monótonos telediarios, el sufrimiento, la sangre, la incertidumbre, la inflación…
Ucrania, ese conflicto enquistado en el que juegan dos cuestiones que acaso resulte políticamente poco correcto recordar. Primera: que cuando se desmoronó la Unión Soviética surgieron varias repúblicas más o menos independientes de Moscú, y entre ellas una Ucrania, - ésta es la cuestión-, acaso sobredimensionada, incluyendo tal vez ciertos territorios cuyos habitantes no se sienten mayoritariamente ucranianos, sino rusos. Segunda: que se habló de incluir a Ucrania en la NATO, (léase en la órbita de Estados Unidos) lo que supuso un paso muy peligroso, como lo fue para la Unión Soviética instalar misiles en Cuba, o sea en las mismas barbas del Tío Sam, hasta que Kenedy se plantó y dijo que no estaba dispuesto a consentirlo, amenazando con llegar hasta donde fuera necesario... Con lo que los rusos, sensatamente, optaron por plegar velas, lo que ahora nadie se muestra dispuesto a hacer.