Por nuestras genuinas tradiciones

José Luis Díez Díaz

Publicado el 18/02/2023 a las 08:29

La carta-reflexión de Enrique Iriso, publicada en este Diario, el pasado miércoles día 15, ‘Tradición’, de la que ignoro su posible propósito, si es que lo tiene, motiva este escrito, compartiendo totalmente su opinión de que “la tradición es garantía del futuro”. Algunos políticos, en el ámbito local , apoyan y gastan recursos en potenciar ciertas “tradiciones” de los pueblos y no tienen ningún reparo en manipular o tergiversar la esencia de las mismas.

La tradición es la transmisión de costumbres, creencias, prácticas, doctrinas, etc. hecha de generación en generación, bien de forma oral o escrita. Hay un dicho en Pamplona: “si algo se repite dos o tres veces ya es tradición” (no solamente en Sanfermines) aunque en ocasiones suele durar poco hasta otra nueva “tradición”.

En la tierra donde la costumbre es primera fuente de ley se pretende inventar y renovar costumbres, sin reparo ni escrúpulo alguno, aunque la mayoría de las veces con bastarda intencionalidad. Y no concreto, pues sé que muchas personas de buena fe se las creen, las celebren y las aplauden. Como apunta E. Iriso, nuestros antepasados más próximos padres, abuelos son los responsables de transmitir a los hijos y nietos estas tradiciones, y estos son quienes deben velar por su autenticidad y sentido. Y, añado, así evitar extrapolar, sin justificación, a nuestro acervo cultural las de otras latitudes. Convertimos empleos, trabajos, prácticas religiosas, gastronómicas, comerciales, etc. en verdaderas fiestas de celebración de penosas y duras labores y motivos de supervivencia que si nuestros ancestros las pudieran contemplar se quedarían estupefactos. La mayoría de tradiciones y costumbres tienen relación u origen religioso, la Iglesia tiene más de 2000 años, pero se vienen desvirtuando y convertido en conmemoraciones, que no tienen nada que ver con los originales: nacimientos navideños, los Reyes Magos, carnavales, romerías festivas o penitenciales, procesiones, etc. - aunque todavía quedan algunas genuinas romerías en nuestros pueblos-.

Hace unos días escuchaba en un barrio de Pamplona una tertulia en una terraza de bar, de seis personas (hombres): “Las javieradas van a ser dos fines de semana, a ver si hace bueno, se pasa muy bien, se hace deporte, se almuerza, costilladas, juerga… Lo único que luego en el castillo el arzobispo hace una misa por un santo que lo mataron en América”. No pretendo herir sentimientos pero invito a reflexionar sobre la esencia de nuestras tradiciones.

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