Mi carta a los Reyes para 2023
Publicado el 02/01/2023 a las 07:14
A los magos y a los otros, también a los que de alguna forma influyen en nuestra sociedad y a los que tengan un mínimo de sensibilidad. Hay una pandemia silenciosa que enferma a más gente, que mata a muchas personas, que cuesta mucho dolor y dinero y que, desgraciadamente no se tipifica ni tiene la atención requerida para poder luchar contra ella. Es tan nociva como las peores enfermedades y su transmisión no es por el aire o por contacto entre personas, su vehículo de transmisión es entre otras las redes sociales, la incultura, la falta de empatía, el egoísmo, una falsa vergüenza y la influencia externa. Los poderes públicos miran hacia otro lado porque en ciertos casos les proporciona beneficios a las arcas públicas.
A estas alturas del relato ya se puede decir que estamos hablando de sustancias muy variadas y cuyo denominador común es la dependencia de su consumo. Estas sustancias ayudan a levantar la trampilla de nuestro cerebro para poder disfrutar de una realidad irreal, de un sueño despierto o de una tranquilidad artificial. Aunque la más habitual sea el alcohol, el escaparate de sustancias es cada vez más numeroso y generalmente va por delante de su posible control, por citar algunas de ellas, los hipnosedantes con o sin receta, el cannabis, cocaína, éxtasis, anfetaminas-speed, alucinógenos, metanfetamina, spice, ketamina, inhalantes volátiles, heroína, salvia, ghb, mefedrona y muchas más, incluso combinaciones entre ellas. Todas con un denominador común: son muy adictivas y producen un daño sicológico real e importante.
Los cuerpos policiales cumplen a su modo mediante actuaciones encaminadas a la represión del tráfico de sustancias (excepto el alcohol, tan dañino como las demás sustancias), pero desde el momento que hay una fuerte demanda la neutralización de su tráfico es prácticamente imposible.
Cuando una persona cae en la enfermedad de la dependencia a las sustancias hay organizaciones que intentan paliar sin o con pocos medios tal pandemia, pero ocurre un fenómeno curioso, así mientras todo el mundo entiende que hay que destinar medios para curar a los enfermos de otras patologías con apoyo social para su cura, el asunto de las drogodependencias no solo está mal visto por la sociedad (que piensa que son vicios y no enfermedades), sino que apenas hay ayuda pública para afrontar esta pandemia que ya está contaminando a buena parte de la sociedad y que a nivel de adolescentes está haciendo estragos.
Si se analizara con detenimiento se vería que la mayor parte de agresiones sexuales, accidentes de tráfico, violencia de género, accidentes laborales, depresiones y suicidios, vienen provocados por el consumo de alcohol y otras sustancias.
Pido pues a los reyes y a quien tenga un mínimo de empatía que, en primer lugar considere a quienes consumen alcohol o sustancias y son incapaces de salir de ese agujero, como lo que son, enfermos que en el momento en que puedan sacar la cabeza del hoyo en el que están sean tratados y los organismos públicos tengan los medios para poder sanar a quien tiene una de las peores enfermedades que existen.