Las promesas del mañana
Publicado el 29/12/2022 a las 07:35
Había llegado el día en el que el cole nos comunicaba las bases del torneo interescolar de Navidad, con la buena suerte esta vez para mi hijo de que iba a poder jugarlo, sólo por el hecho de pertenecer al equipo del colegio…. ¡Yujuuuu!
Sabía que habría polémica entre padres, muchos pensando que lo justo era hacer una selección donde vayan los mejores. Lo veo lícito, pero como comprenderéis, esta vez, justo o no justo, mi hijo podía cumplir una de sus grandes ilusiones, pero se hizo un pequeño esguince y le comunicamos a la coordinadora la situación y que ese mismo día al mediodía le confirmaríamos si finalmente mi hijo podía acudir.
Esa conversación nunca se produjo, esa misma mañana habían quitado a mi hijo y ya habían puesto a otro en su lugar.
Dicen que en esta sociedad estamos generando hijos débiles que no aceptan un ‘no’, que no tienen capacidad de aguantar ninguna frustración. Hoy os digo que hay niños que no, a los que les ha tocado pelear desde pequeñitos, para nacer, para luego seguir peleando durante años, pasando por operaciones, por médicos, ingresos hospitalarios, por pruebas y más pruebas, padres desesperados, buscando respuestas, donde el corazón se partía en mil pedazos al no encontrar nada... Tenías que pelear hasta para dormir con esos aparatos.
Cariño, te miro y me siento súper orgullosa, eres mi pequeño héroe, has plantado cara a todas tus adversidades y nosotros hemos aprendido muchísimo, seguimos aprendiendo e intentando mejorar día a día contigo. De vez en cuando todavía te visita el miedo por las noches y lo hemos conocido tan bien que ya le miramos de frente para pedirle que por favor se vaya, ya no quieres más de eso.
Hoy parece que se mide todo en función del fútbol y todo el mundo lo normaliza. Estamos en el siglo XXI, la época del confort, cuando más tenemos de todo y sin embargo más suicidios hay de gente joven, donde las consultas de salud mental no dan abasto con la demanda de adolescentes que buscan sentido a sus vidas.
Estoy contenta porque el día de mañana cuando toque pelear por un trabajo digno, sé que no te derrumbarás ante el primer ‘no’, porque tú has tenido muchos de esos y has sabido asumirlos. No te derrumbarás ante la primera injusticia que te hagan porque tú ya sabes que la vida nos guste o no muchas veces no es justa. No te derrumbarás ante la primera sensación de vacío y angustia porque durante tus primeros años de vida aprendiste a convivir con ella y a día de hoy tienes una capacidad emocional que muchos adultos quisieran.
Cariño, no quiero que seas el más brillante, quiero que seas el más feliz, valorando lo importante, el amor a los tuyos y la cooperación de unos con otros que es lo que realmente hace que la vida tenga sentido.