Una y mil veces
Publicado el 24/12/2022 a las 08:25
Recuerdo aquel septiembre de 2019, con la sensación de hablar de otra época totalmente distinta a la que vivimos hoy en día. Recuerdo la ilusión por comenzar la carrera que siempre había soñado, Enfermería. Los primeros meses del grado fueron una etapa de adaptación a la universidad, compañeros y asignaturas. Cuando ya habíamos cogido ritmo, llegó la pandemia, rompiendo todos los esquemas de lo que creía que sería mi vida universitaria, tan idílica y envidiable. Seguimos estudiando vía online, echando un ojo al televisor y a las noticias que cada día protagonizaban los sanitarios, lo que alimentó mis ganas de convertirme en una de ellas.
No fue hasta segundo curso cuando volvimos a vernos las caras, o al menos los ojos, por días y en grupos. A comienzos de tercero nos juntamos de nuevo todos de forma presencial. No ha sido hasta este año cuando hemos podido volver a vernos sin mascarillas de por medio, desde marzo de 2020. Las prácticas también han sido atípicas. Desde el minuto uno hemos convivido con las mascarillas, protocolos COVID, vacunación y todo lo que ha conllevado la pandemia. Cada servicio por el que he pasado (partos, UCI, oncología, pediatría...) ha sido único y especial. Sin embargo, todos ellos tienen el mismo común denominador, unas enfermeras increíbles que me han enseñado el verdadero significado de la profesión: el cuidado del paciente sin importar las circunstancias o adversidades.
Queda claro que nuestro paso por la carrera no ha sido muy común, pero tras mi experiencia, solo puedo decir gracias. Una expresión tan simple como sincera, que recoge toda mi admiración hacia las profesionales que me han acompañado y guiado en este proceso, por recordarme por qué un día decidí elegir esta carrera, la carrera más bonita del mundo.