Sanidad: cosas buenas y algunas no tanto
Publicado el 22/12/2022 a las 07:32
Considero que nuestra sanidad pública dispone de la infraestructura precisa y de la solidez necesaria para una práctica profesional envidiable, como bien se ha demostrado en el transcurrir de los tiempos. En esta línea se dispone también la Atención Primaria, como primer nivel de la asistencia médica nacional y pilar fundamental de la sanidad pública. Sin embargo, en los últimos años, es innegable la concurrencia de algunos condicionantes que motivan la necesidad de ordenar determinadas actuaciones, con el propósito de continuar mejorando y no replegarse en los niveles de calidad asistencial.
El envejecimiento de la población, el incremento de la demanda asistencial, la necesidad de cumplimientos protocolarios no siempre precisos, la falta de reciclaje profesional, la desmotivación y la desidia de los trabajadores, el desacierto ocasional de nuestros gestores y la falta en las previsiones organizativas de nuestros directivos, son los principales causantes de los desarreglos que es necesario ajustar desde hace, al menos, dos décadas.
En el transcurso de los años, he participado del interés de nuestros gobernantes por continuar mejorando el primer nivel asistencial de nuestra sanidad. Sin embargo, no siempre se han tenido presentes con celeridad los desarreglos que he comentado en el párrafo anterior y que, de otra forma, no hubieran ocasionado el deterioro del que resulta el principal objetivo en cualquier tarea profesional, como es la eficiencia laboral, desde hace años en decadencia especialmente en nuestro nivel asistencial.
Al margen de la entrega profesional de los trabajadores, las circunstancias que concurren favorecen sobre manera el desarrollo del trabajo más bien superficial y, con frecuencia escasamente eficiente. Estos desarreglos justifican también una respuesta, con frecuencia insuficiente a los usuarios y el incremento de atenciones, muchas veces superfluas, de médicos especialistas que, con seguridad contribuyen a incrementar las listas de espera de los usuarios.
De cualquier forma ahora, como en ocasiones precedentes, por suerte, se dispone de las herramientas necesarias para detener las causas que han motivado los desajustes existentes y retomar el sentido de la cordura profesional.
Las entidades que deben comprometerse en el restablecimiento de los males son: políticos, administradores y foros sanitarios, a quienes corresponde la tarea organizativa y de incentivación profesional; enseñantes de colegios e institutos, para que formen a la población, desde edades tempranas, en el buen uso de los servicios que se prestan; asociaciones diversas y medios de comunicación, para que instruyan también a la población adulta y se corrija en los excesos que comete; finalmente, deben proporcionarse las condiciones necesarias para un reciclaje continuado de los profesionales, carente siempre en Atención Primaria y hoy más necesario que nunca.