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La presa desgraciada

  • ​Javier M. Elizondo Osés
Publicado el 28/11/2022 a las 07:30
Me refiero a la ya famosa, por su contencioso, presa de Santa Engracia en Pamplona. Y entro al tema para ver si puedo aportar alguna aclaración, desde mi exclusivo punto de vista técnico, a las numerosas opiniones que se han vertido sobre su restauración o eliminación. Y lo hago tras haber asistido al foro municipal realizado en el Civivox del barrio de la Rochapea el pasado 25 de octubre, donde pude escuchar cómo se interpelaba respecto a que esta presa constituía un problema “grave” respecto a las afecciones por inundaciones en ese barrio, siendo un pequeño azud de unos 2 metros de altura que, para mí, crea más ventaja al desarrollo de fauna, por nivel generado, que inconveniente.
¿Estoy diciendo que un azud como ese no presenta una pérdida de carga como obstáculo al paso del río? Por supuesto que no. Toda interposición en un cauce lo hace. Lo que voy a tratar de indicar es que esa construcción, y la de otros azudes existentes, no tiene mayor afección para lo correspondiente a interposiciones por nivel de riadas, que los puentes antiguos (léase puente de San Pedro, Curtidores, Magdalena o el propio de Santa Engracia) que se sitúan en todo el recorrido por Pamplona, por las zonas más críticas respecto a inundaciones. ¿Tenemos que derruirlos también? Nunca lo haríamos, ¿verdad? Pues suponen un patrimonio histórico de la ciudad que debe defenderse. Entonces, ¿a qué viene el empeño en ese azud histórico del siglo XIII? Miren, la mayor pérdida de carga generada en los cauces, que hace que su nivel ante fenómenos de riadas sea mayor, estriba en la acumulación de sedimentos en la vena de agua y, más aún (me atrevo a decir) en la nula limpieza de sus riberas durante la “intemerata” de años de descuido por quien tiene que velar asumiendo sus responsabilidades (la CHE). No existe un azud, ni puente, que cree mayor problema al efecto. ¿Estoy diciendo que habría que dejar las riberas de los ríos totalmente yermas? Ni por asomo. A todos nos gusta pasear contemplando naturaleza viva, bajo sombras. Estoy diciendo que, antes de poner el acento sobre infraestructuras a preservar, se proceda a “desescombrar cauces” (cuyo material es de notable uso para múltiples cuestiones de obra civil -y no hacer, por parte de la CHE, la técnica del “curage” que consiste en explanar las “islas” de modo que solo se remueven los sedimentos, que irán a parar a otro sitio con el empuje/arrastre del siguiente nivel de agua-) y retirar toda la maleza y árboles muertos -no hay más que darse un paseo parándose a ver las riberas-, que no hacen sino retener/acumular todo tipo de restos (que solo se retiran cuando una nueva riada los desplaza, si puede, a otro punto) que sí conforman verdaderas presas laterales para el paso del agua. Desbrozar riberas, quitando lo inservible, dejando los árboles sanos, y de porte, con su ramaje inferior podado hasta la altura debida, mantiene el ecosistema y evita verdaderos obstáculos, al margen de dar una vista “admirable” del río, y no la de los “estercoleros” que se contemplan en todos sitios.
Y dicho esto, indicar (como ya dije en ese foro y en otros escritos), con conocimiento directo, y real, de causa, que en lo concerniente al barrio de la Rochapea, las últimas afecciones de la llamada “riada histórica” (diciembre de 2021) se produjeron por la puesta en carga (con su desborde a viales y altura en ellos) de los saneamientos, por la conjunción de lluvias persistentes, y en cierto grado intensas, que se dieron. El nivel del río no llegó a los viales, y se produjeron las inundaciones y afecciones. ¿Se pueden paliar/evitar en cierto grado, este tipo de afecciones? Sí, si se quiere.
Javier M. Elizondo Osés, asesor y formador en el ámbito del agua
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