Concordia y discordia

Ana García López

Publicado el 25/11/2022 a las 07:34

Con el corazón de por medio (cor, cordis, corazón en latín), esas dos palabras nos sitúan en planos antagónicos: conciliación por un lado y discrepancia por otro. Cualquier cuestión, salvo las que nos importan un bledo, nos empuja en una u otra dirección, afectando en consecuencia a nuestras relaciones con los demás. Normal. Cada cual construye sus criterios, con acierto o no -que de todo hay, por mucho que nos engañemos-, según los conocimientos y experiencias que haya ido metiendo en su propia mochila. Cuando es la discordia la que se adueña de la situación, puede desencadenar desde distanciamientos de poca monta hasta violentas irrupciones de odio que hacen saltar por los aires la convivencia y, por desgracia, más cosas.

En la esfera política, es de obligado cumplimiento que quienes están en el poder busquen la máxima avenencia entre los ciudadanos, tanto afines como contrarios. Pero no todo vale para lograr consensos. Las discordias no deben resolverse con medidas sin otra entidad que la de pagar el precio de mercado de unos votos que hay que mantener sujetos. En concreto y al grano. A uno de los granos: ¿en qué plano colocamos los continuados intentos de generalizar el uso del vascuence en toda Navarra? ¿Qué es lo que fomentan? Si una opción que es personal se convierte en imposición, ¿cómo y por qué ha de ser asumida por el sector de la población que no la aprueba? Si para llegar a una meta, sea la que sea, tratamos de elegir el camino más corto y fácil, ¿qué tipo de atajo en la comunicación -que para eso están las lenguas- representa un idioma que la mayoría desconocemos? Hay un hecho evidente: un mensaje en una lengua que pocos dominan es selectivo y disgregador; nada que ver con la búsqueda de entendimiento.

Ahora una pregunta ingenua: ¿no será que quizá se quiera convertir la lengua vasca en un trampolín para lograr otros objetivos? Otra más: si los recursos con los que contamos son finitos (una finitud cada vez más apremiante), ¿por qué no se destinan más medios y remedios a necesidades de la población más perentorias? No será porque no las haya…

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