Ante el Día Mundial del Niño Prematuro
Publicado el 18/11/2022 a las 07:13
Tal día como ayer, hace un año, llevábamos casi 3 semanas ingresados en la UCI de Neonatos con nuestro bebé, que había llegado al mundo antes de tiempo. Aún nos costaba asimilar que el día que nació no fue el más feliz de nuestras vidas y que las lágrimas que derramamos fueron de pena, miedo, culpa e impotencia a partes iguales. Seguíamos sorprendiéndonos cada noche de volver a casa con las manos vacías, el corazón hecho pedazos y la cabeza..., la cabeza siempre en el hospital. Todavía tratábamos de justificar por qué apenas teníamos fotos de nuestro primer hijo, y es que nos costaba querer inmortalizar aquellos momentos en que lo veíamos lleno de cables y tubos, conectado a mil aparatos y, gran parte del tiempo, metido en un “tupper”. Tal día como hoy, hace un año, nos enterábamos, no sin algo de perplejidad - cosa que, pensándolo bien, no nos tenía que extrañar ya que en estos tiempos que corren hay un día para casi todo lo imaginable- de que había un Día Mundial del Niño Prematuro, con su decálogo propio. Lo “celebramos” en la Unidad de Neonatología - más bien se celebró y nos pilló allí, ya que nosotros no estábamos para mucha fiesta en aquellos momentos - y al final de la jornada, como para que no hubiera dudas de que lo que vivíamos era real, nos trajimos a casa la tarjeta de recuerdo correspondiente.
Este año, en cambio, sí celebramos la fecha - el tiempo lo cura casi todo - con plena conciencia de su relevancia y razón de ser. La celebramos por ellos: no he conocido criatura más vulnerable y frágil que un bebé recién nacido que además lo ha hecho cuando aún tenía que estar en el vientre materno y, a la vez, no existe criatura más luchadora y aferrada a la vida que un niño prematuro - esto nos lo demostraron día a día todos los guerreros con los que compartimos esos largos meses -. La celebramos por los padres y familias: el sufrimiento vivido en estas situaciones es inmenso, inexplicable y en cierto modo incomprensible desde fuera, y aunque no te sirva de consuelo ni alivie tu dolor saber que hay otras familias que están pasando o han pasado por algo similar, sí que te da un poco de aliento saber que no estás solo. Y la celebramos - a riesgo de ser pesada con mi gratitud - por los profesionales sanitarios en cuyas manos caen las vidas de estos pequeños: porque ninguna guerra se libra en solitario, porque son el ejército que acompaña a nuestros valientes retoños en cada una de sus batallas por la supervivencia, y porque aún asumiendo esta valiosa labor son las personas más humildes que me he encontrado.
Tomando prestada aquella frase que nos dejaron por escrito aquel día y que hoy empieza a cobrar sentido, “las cosas más grandes tienen un comienzo muy pequeño”. Feliz Día Mundial del Niño Prematuro.