Sanidad y paciencia

Olga C. Crespo

Publicado el 14/11/2022 a las 07:28

La impotencia, la desesperación e indignación con que escribo estas líneas son fruto de mi experiencia personal pero, en mi opinión, representan el malestar de la mayoría de los navarros en este momento.

A finales de septiembre de este año (leído en prensa), había 60.950 personas en espera de una primera consulta para un especialista. Las operaciones rozaban las 8.000 personas. El pasado 18 de octubre leí en prensa que las revisiones a pacientes con cáncer de mama llevan un retraso de hasta 5 meses. Cito palabras textuales: “No tiene ningún sentido contar con unos protocolos de seguimiento que se incumplen sistemáticamente en la mayor parte de los pacientes”. El día 21 de octubre, en prensa también, el Sindicato Médico de Navarra anuncia actos de protesta y huelga a partir de febrero del próximo año: “La situación sanitaria ha llegado a un punto de deterioro inaceptable”. Huelga evitable si “los grupos a los que han transmitido las demandas inician acciones para ver si se convierten en realidad” (entre otras, reducir listas de espera viendo a la población sin la adecuada garantía de calidad).

La consejera de Sanidad de Navarra, Santos Induráin, informó a finales de septiembre de que la actividad de las horas extraordinarias se notaría en breve, para finales del 2022 (aún tiene tiempo…) y que habrá una priorización de pacientes para atender lo más importante y urgente. Que se ha creado el PLES (Plan de Listas de Espera) en las especialidades con más lista de espera (Cardiología, Traumatología y Rehabilitación). También hay planes específicos en Oftalmología, Cirugía General y ORL. En cuanto al aumento de las listas la consejera lo justifica por el impacto del verano (vacaciones de los profesionales), déficit de profesionales, envejecimiento de la población, la pandemia y el incremento de personas con derecho a atención sanitaria en el último año. Se esperaba que a primeros de noviembre a los más tardar se incorporen nuevos especialistas de las OPE de los últimos meses. Todos entendemos que la pandemia alteró y dificultó el normal funcionamiento de la sanidad, pero ya ha pasado tiempo suficiente para destinar los recursos necesarios para la vuelta a la ‘normalidad’ y evitar listas de espera (más contrataciones, ampliación de horarios para reducirlas o derivar a centros privados concertados; punto este último con el que no estoy de acuerdo mientras la sanidad pública disponga de medios - ¡menudo dineral se tienen que estar llevando!-). Ante todo lo expuesto, paso a mi caso particular. Llevo desde febrero con una afección (de la que tengo antecedentes de 5 años atrás). Conseguí una prueba diagnóstica en junio y en cirugía decidieron realizar otra prueba con preferencia para valorar ya la intervención quirúrgica. Se estropeó el aparato, me dijeron que igual no hay dinero para comprar otro (pero hay otro en Tudela y no saben). Mil llamadas telefónicas y nada, tienen que decidir qué hacer y la decisión la toman los de arriba (claro, a ellos no les duele). Esta prueba en un centro privado me cuesta la friolera de 3000 euros. ¿Entienden ahora mi impotencia, desesperación e indignación? Quieren que contratemos seguros privados, es evidente, pero no todo el mundo se lo puede permitir. Además, ¿no pagamos, obligatoriamente, a la Seguridad Social para que se nos atienda? Ya me haré un seguro, pero que no me descuenten ya de la nómina. ¿De qué nos sirve el artículo 43 de la Constitución Española (“derecho a la protección de la salud”)? ¿Y la Ley Foral 14/2008 de garantías de espera en atención especializada? ¿O el Decreto Foral 21/2010 del Reglamento de desarrollo de la Ley Foral anterior? Señora ministra, ¿a quién quiere engañar? La cita latina de Cayo Tito al senado romano, “verba volant, scripta manent” (“las palabras vuelan lo escrito queda”), desgraciadamente, no vale de nada hoy en día; ni lo dicho ni lo escrito. La palabra de moda: paciencia (cuando la vendan, porque a mí se me ha agotado).

No soy partidaria ni de la agresión verbal ni física (y menos con el trabajador que está al teléfono, tras la ventanilla o la mesa de su consulta). ¡Qué bien están los altos cargos en sus pedestales! Seguro que con calefacción y aire acondicionado, buenos sueldos y dietas, ¡eso sí!. Como siempre, a sufrir los de abajo.

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