Las listas de espera no son el problema



Javier Carnicero

Publicado el 17/10/2022 a las 07:18

Durante las últimas semanas se han publicado en este periódico varias noticias relacionadas con las listas de espera del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea, que habían alcanzado 61.105 pacientes que esperaban su primera consulta. Esta cifra superaba todas las anteriores. También se han convertido en noticia las dificultades y las demoras para recibir asistencia en atención primaria. Menos atención se ha prestado a la reseña, también publicada en este diario, sobre la situación hace 25 años. El Sindicato Médico denunciaba en 1997 que la lista de espera para primera consulta superaba los 40.000 pacientes, aunque el consejero, Santiago Cervera, la reducía a la mitad. Se puede concluir que se trata de un problema estructural del sistema de salud, que este indicador de calidad empeora con el paso del tiempo, y que es necesaria una profunda reforma.

El problema de nuestro sistema de salud no son las listas de espera, de la misma manera que cuando se padece una enfermedad infecciosa, el problema no es la fiebre. Los políticos y gestores se empeñan en medidas para disminuir las listas de espera, tratar la fiebre; en vez de preocuparse por sus causas y afrontarlas: tratar la infección, que en este caso es el modelo de nuestro sistema de salud. Las recetas habituales consisten en reuniones con los servicios médicos, que suelen concluir con aumentos de plantilla o al menos con contrataciones temporales que tienden a consolidarse. Otras medidas habituales son la remisión de pacientes a centros concertados o la actividad vespertina, que cuando la denomina el gobierno es autoconcertación o actividad extraordinaria, cuando se refieren a ella los sindicatos horas extraordinarias, y todos en la jerga habitual le llamamos peonadas. Todas estas medidas son temporales, menos los incrementos de plantilla, y todas tienen un efecto limitado en el tiempo. Inexorablemente la crisis de la lista de espera se acaba repitiendo.

El actual modelo de gestión de nuestros hospitales es de finales de los años 60 del siglo pasado y el de atención primaria de 1986. Esto quiere decir que los hospitales de hoy se gestionan en sus aspectos fundamentales como los de los años 70, la atención primaria como a finales de los años 80 y que ambos se gestionan de forma separada. Todos, hospitales y centros de salud, con médicos empleados públicos cuyas retribuciones tienen un componente variable casi nulo, y con gestión propia de administración pública. El modelo de nuestro sistema de salud tiene que evolucionar y para eso hace falta innovación, valentía y estrategia. Innovación y valentía para cambiar la organización interna y el sistema retributivo de los médicos, y valentía y estrategia para planificar la utilización de todos los recursos disponibles. Es imprescindible reconocer la importancia que tienen los médicos en cualquier sistema de salud, importancia que siempre han tenido, incluso cuando se ha pretendido ignorarla. Son unos profesionales a los que se exige más de 10 años de estudios superiores para desempeñar su actividad; que es altamente especializada y tecnificada, también en atención primaria; que deben establecer una relación de confianza con sus pacientes, que deciden con cada uno de ellos de forma autónoma sobre su curso clínico, y por tanto también sobre el gasto; y que determinan la calidad del servicio. Unos profesionales de estas características no deberían tener una relación funcionarial con el sistema de salud. Es imprescindible tener en cuenta su nivel de preparación, permitirles organizar su trabajo y retribuirles según su desempeño.

La innovación, la valentía y la estrategia también son imprescindibles para integrar tanto la atención primaria con la hospitalaria, como los hospitales entre sí; integración que es imprescindible para que todos los pacientes reciban la asistencia de calidad que se merecen. El Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea debe abandonar la autarquía e incorporar a su red asistencial a los hospitales privados sin limitar esa incorporación a los programas coyunturales de reducción de lista de espera. Crear un sistema de salud en el que se integren tanto los centros públicos como los privados permitiría establecer relaciones de cooperación estrecha y también de competencia entre todos ellos, conceptos que no son opuestos. La integración de centros de titularidad privada con los públicos está contemplada en la ley foral de Salud como Red Asistencial de Utilización Pública.

En conclusión, no basta con las medidas coyunturales, el sistema de salud debe mostrar la valentía necesaria para cambiar su modelo de organización interna y su estrategia, llevando al Parlamento una ley de ordenación sanitaria que concrete el necesario y profundo cambio del sistema de salud de Navarra. Se acaba otra legislatura sin que el gobierno haya acometido la imprescindible reforma del sistema de salud. Nos queda por conocer cuál es el plan que propone el partido de la oposición.

Javier Carnicero, exdirector gerente del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea, entonces Servicio Regional de Salud

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