Era mi móvil
Publicado el 13/09/2022 a las 07:21
“Era mi móvil y me lo han robado”. Estas fueron las palabras que un chico todo compungido con apenas quince años dijo al funcionario de turno en la comisaría de objetos perdidos para denunciar la pérdida de su móvil. Un último modelo con todas las prestaciones que eran uña y carne y no sabía vivir sin él. Algo así como el amigo fiel. A lo que el agente le dijo con aire tranquilo “Pues verás mirándolo por otro lado dada tu edad y las oportunidades que la vida te ha de dar quizás no haya sido para tanto y él que te lo ha robado te haya hecho un gran favor”. “Y a lo mejor te sirva en adelante para escoger mejor tus amigos y no tener que depositar toda tu confianza en manos de un artilugio que por mucho que te haya costado las prestaciones que te haya emitido, los secretos que te ha guardado y la “amistad” que te unía a él nunca dejará de ser un aparato más, que sin conciencia ni recato el día menos pensado te iba a dejar tirado para irse con este o aquel sino al postor más interesado”. Al oír estas palabras el muchacho se quedó pensativo y un tanto perturbado. Pero al instante aún con el reciente disgusto por lo que había pasado y lo que le había costado le contó al agente que aquel modelo era casi único, de los más caro del mercado, que tenía toda clase de prestaciones incluso llamadas vía satélite y a otros pagos.
Además guardaba números de cuenta de bancos, fotografías de familiares y amigos, domicilios y teléfonos de contacto. “Era por decirlo de otro modo como un apéndice unido a mi del que dependía y me entregaba”. “Pues mira muchacho - le dijo el agente- no sé hasta qué punto te habrá afectado pero si te puede servir de consuelo te diré que no hace tanto tiempo vino aquí una madre a preguntar por el móvil de su hijo fallecido en un accidente de tráfico, el percance lo había tenido al ir hablando con el móvil en un cruce de paso”.