El misterio de las torres de Salesianos
Publicado el 09/09/2022 a las 08:18
No cabía en mí de gozo cuando por fin ocupé mi localidad de la plaza de toros después de dos años de pandemia. Pronto se dio una situación comprometida para el torero, como toda mi vida he hecho, alcé la vista hacia mi querido Angelito para pedirle ayuda. Me llevé un revolcón mayor que el que debió sufrir el torero, un apósito de dimensiones infinitas le había salido al Ángel. Con semejante disgusto se me olvidó solicitar su apoyo. No recuerdo bien lo que sucedió, pero de una forma u otra el torero resolvió el trance.
A los pocos días recibí el acta de la comunidad de mi vivienda, en ella explican que la fachada ventilada sobresaldrá 10 centímetros sobre la original, reduciéndose en la misma medida la anchura de la ya estrecha terraza. Llamé al Departamento de Urbanismo para informarme si fuera posible extender el vuelo de la terraza 10 centímetros con el fin de mantener la misma superficie. Mi interlocutor, me contestó con cajas destempladas la determinante frase: “la normativa no lo permite”. Un miedo físico invadió mi cuerpo, me había identificado al principio de la conversación y mi interlocutor estaba muy ofendido ante la osada pregunta. Entre tartamudeos y con voz quebrada susurré: muchas gracias por la información y colgué el teléfono.
Como asiduo conductor por la cuesta de Beloso, rápidamente rememoré ese amplio corredor verde que, a modo de alfombra roja, recibía a nuestra catedral la cual, aún desnuda, no precisaba de trajes de fiesta para destacar. Pues olvidémonos de alfombras rojas, por desgracia, unos edificios de dimensiones exageradas, no desmontables como lo fueron los pabellones de la expo, han perforado para siempre esa sobria alfombra natural. Salvo error, nada más ni nada menos que 12 pisos, contados con prismáticos desde Burlada, sobrepasan los árboles, aproximadamente una altura de 36 metros (3.600 centímetros), asumiendo que no estén rematados por letreros luminosos (bienvenue, willkommen, irasshaimase) acogiendo de forma cálida a nuestros ciudadanos hermanos o alguna frikada semejante, que todo puede ser...
Me resulta muy difícil comprender que estemos dotados de normativas infranqueables para temas nimios y, sin embargo, ante actuaciones que definen un antes y un después de la perspectiva de nuestra ciudad no dispongamos de ellas. Y todavía me sorprende más que tratándose de una comunidad donde nuestros mandamases son capaces de tirarse del moño por disyuntivas a cota del ras del suelo: loseta o adoquín, opten en esta ocasión por una estrategia combinada de hacer mutis por el foro (tan solo un tejemaneje sobre el número de alturas, siempre modificando la perspectiva de la ciudad) y que salga el sol por Antequera. No sé yo si algún día se escapará el gato….