Las mejores vacaciones de mi vida
Publicado el 08/09/2022 a las 08:29
Mi sobrina Almudena tiene 15 años. Está en esa edad en la que todo afecta. Hormonas revolucionadas, comparaciones odiosas, sobreexposición social, adolescencia terrible en los tiempos que corren. Pero está bien educada y es consciente de todo lo que sucede a su alrededor.
Se ha pasado todo el viaje de vuelta a casa de las vacaciones de agosto llorando, triste. Al día siguiente, ya más calmada, abrió su corazón a su madre: “¿Sabes mamá? He entendido la suerte que tenemos. Tener esta familia y poder pasar estos días juntos. Me encanta ver a los abuelos, jugar con los tíos y con los primos pequeños, hablar hasta las mil de la noche con las primas -son un tropel de adolescentes que quién las entendiera-, las bromas, los juegos nocturnos, estar todos juntos, tan a gusto, como en casa. Y tenemos que dar muchas gracias a Dios porque estoy segura que casi nadie de mis amigas tiene la misma suerte”.
Mena, como le llamamos cariñosamente, es la tercera de seis hermanos. Tiene nueve tíos por un lado y doce por otro, y del número de primos por cada prole ya ha perdido la cuenta, pero os podéis hacer una idea. Se ha juntado la última semana de agosto con todos en Navarra. Unos días con la familia de su madre y otros tantos con la de su padre.
Su madre, mi hermana, nos hizo llegar sus palabras por el grupo de WhatsApp familiar y añadió su propia reflexión: “La verdad es que creo que este es el mayor regalo que les podemos dar. Las mejores vacaciones de su vida. Una vida repleta de recuerdos con sabor dulce, a tardes de continental, a aguadillas en la piscina, a risas, a conversaciones entre primos, a sentirse seguros, en casa, queridos como son, sin tener que hacer nada para ganárselo, sin ‘posturear’. Así que, a pesar de lo mucho que nos supone, de las incomodidades por falta de espacio, del cansancio y apenas dormir, del follón de niños, creo que vale la pena. Compensa. Es un regalo a nuestros hijos y a nosotros mismos que no tiene precio. Aunque para que la convivencia vaya bien haya que perdonar y pedir perdón constantemente, pasar por alto cada cosa que haríamos de otra manera, mirar a cada uno con misericordia y sin juzgar, ceder…en definitiva, ‘hacer un querer’. Amar. No me queda más que daros las gracias. Gracias de parte de todos mis hijos por estos días y por el esfuerzo que a muchos ha supuesto. Un besote. Os quiero”.
No sé si habrán sido las mejores vacaciones de su vida pero, después de haber leído sus palabras y las de mi hermana, estoy seguro de que han sido las mías.