La Pamplona perdida
Publicado el 18/08/2022 a las 08:28
Los documentados artículos del Dr. J.J. Martinena Ruiz en Diario de Navarra sobre la Pamplona perdida me provocan una reflexión. Pamplona me llama por los monumentos, símbolos y mitología indescifrada. Me cautiva la carga de ideales que en ella se acumula. Me apasiona conocer los actos nobles y viles que se han cometido en su nombre. Pamplona resume creencias y sueños milenarios. Se proyecta sobre la luz cegadora y las piedras cansadas. Me atrae su belleza. Hay monumentos en la ciudad que se apoderan de uno con tanta fuerza que apenas hay lugar para algo más. Objetos dignos de interés que me acosan y saturan hasta lo más íntimo de mi ser.
En esta ciudad rehabilitada la destrucción se considera arquitectura. La deconstrucción obedece a reglas y cálculos, al arte de descomponer, recomponer o crear otro orden. Pamplona se ha recompuesto a lo largo de la historia en numerosas ocasiones .Desde la gloria del pasado se puede comenzar a construir el presente. Las ruinas imparten lecciones de historia y pueden ser una esperanza. La ruina tiene esplendor. Me produce melancolía. Sigue siendo la belleza derruida de la que habla el poeta. La ruina me conduce al alma de la ciudad. Sin embargo, Pamplona ha conservado un monumento totémico que se resiste a convertirse en ruina: el pensamiento humano, creador de mundos. La mente pamplonesa aguanta el viento, las epidemias, el calor y la fugacidad del tiempo. No es una escultura de bronce ni de piedra. En esta conciencia cívica se encuentra la solución para construir el paisaje del presente.
Comencé a entender por qué Pamplona tenía bastiones, torres, castillos y murallas con puertas de entrada y salida, cerradas herméticamente cada noche. Las murallas han fortificado la ciudad y han sellado, a través de diferentes etapas, el tejido urbano.
Pamplona ha estado condenada a desempeñar una función militar sobresaliente como centro militar de primer orden en el medievo, en la Edad Moderna siendo plaza fuerte con la monarquía de los Austrias y Borbones. Los técnicas bélicas imponían la conservación, reparación o demolición de las viejas murallas, y a la vez un afán de renovación de las instalaciones defensivas y de los recintos murados. Esta función militar ha condicionado por varios siglos el desarrollo urbano de Pamplona.