¡Qué corta es la vida!
Publicado el 11/08/2022 a las 08:18
Este dicho, o la frase tan socorrida de “cómo pasa el tiempo”, son dos expresiones muy adecuadas para exponer la idea central de esta composición escrita. Tal vez, en algún otro momento de la vida, pueda darse la misma reflexión, por causa del estado de ánimo que se atraviese, pero en la vejez, ese pensamiento se halla muy presente y, además, no puede eludirse, pues un anciano sabe que el paso del tiempo “corre” hacia adelante, de un modo extremadamente rápido, por más que el mismo intervalo, en niños y adolescentes, sea de más lenta duración, pese a sus deseos de cumplir años, llegar a mayores y alcanzar otros “sueños de juventud”.
Lo ideal sería lograr el punto debido de madurez para distinguir las diferencias entre ambas formas de corta y larga duración: la cronométrica y la mental, ya que así se afianzaría nuestro inestable sosiego interior, sin que el mero transcurso del tiempo se tornara lento en la niñez y adolescencia, o rápido en la edad avanzada.
Así y todo, cuanto más se aproxima el envejecimiento, más apremia la efímera llegada del “desenlace final”, mientras que hechos aparentemente aleatorios, como los anuncios de lotería de Navidad, anticipados cinco meses al sorteo, o los turrones que, a mediados de septiembre, relucen en los estantes de supermercados, nos indican que un concepto válido para definir el mundo de ahora sigue siendo el de “cambio perpetuo”, según reza el proverbial axioma de Heráclito: (“todo fluye”), sobre el devenir de todas las cosas y el arte de vivir, que obliga al jubilado actual a poner todo “en revisión”, si quiere subsistir.