Respeto y educación en Salesianos Sarriguren
Publicado el 14/06/2022 a las 07:30
Hace dos años y gracias a la petición de mi hijo, le cambié de colegio a Salesianos de Sarriguren para hacer Bachillerato de Ciencias. Cuando empezó sus clases, me dijo que le gustaba mucho el nuevo colegio porque cuando un alumno no se comportaba bien, le regañaban pero no le faltaban al respeto. Y a mí eso me agradó, aunque me hizo pensar qué habría oído en otros lugares. Pero lo que más me importaba era que recuperara la ilusión por aprender, lo bonito y gratificante que es el esfuerzo y que recuperase su amor propio (en cuanto al estudio) que hacía años que lo había perdido.
El primer año pensé que lo perdíamos porque me dijo que le estaba costando mucho esfuerzo (yo lo comprobaba en casa) por falta de base. No me extrañaba. En el colegio de donde venía no estudiaba, no hacía las tareas y no se interesaba por nada; lo único que le importaba era conservar sus amistades. Y así fue, curso por curso, suspendiendo prácticamente todo durante todos los trimestres para el día anterior a los globales, ponerse a estudiar y sacar las asignaturas sin que se supiera realmente cómo lo conseguía. Al llegar a Salesianos, coincidió con una tutora Mayte que le trató como se merece cualquier chaval que esté en un colegio: le corrigió cuando lo tenía que hacer, le alabó cuando lo hizo bien y apreció cada una de sus virtudes y, el resto de los profesores de primero de bachillerato, fueron muy buenos. Duros - cosa que beneficia al estudiante- pero buenos y, sobre todo, pero no menos importante, lo trataron con respeto y educación. Al llegar a segundo, su tutor ha sido Álvaro. Ha tenido dificultades durante el curso y, aunque a veces parecía que iba a tirar la toalla, al final lo ha conseguido. Sé que el esfuerzo es de todos: de él, de Álvaro por animarle, de sus profesores por cuidar que no se durmiera en los laureles y por entenderle cuando había que hacerlo y del ánimo que entre los compañeros de curso se iban dando. Es para mí muy importante agradecer a todos y cada uno de los/las profesores/as que han logrado que mi hijo haya vuelto a estudiar y que ahora confíe mucho más en él. Y no les olvidaré porque han sido un triunfo en las decisiones - de educación- que hemos tomado junto a mis hijos. También al colegio en sí. Al sacerdote que todos los días espera en la puerta del colegio la salida de los chicos para hablar con ellos, a las de secretaría y las chicas que están en admisión, a la de la librería y a todos y cada uno de los que hacen que ese colegio: pluriracial, pluricultural y con buenos profesionales haga que los que tenemos allí a nuestros hijos nos consideremos afortunados.