Religiosas contemplativas

Enrique Iriso Lerga

Publicado el 09/06/2022 a las 07:39

La iglesia celebra el domingo 12 de junio la jornada pro orantibus. La clausura es un medio para cultivar la vida contemplativa. No es la separación del mundo sino una atención a la palabra y una dedicación a la oración eucarística, manantial de todas las gracias. Estas almas grandes no están retiradas del mundo ni han abandonado la realidad. Han tomado distancia para realizar su vocación. No viven como nosotros. Sus vidas son transparentes y regladas. No cuentan ni con medios ni con fortunas. Guardan las constituciones, sabiendo que su cumplimiento facilita el camino de la santidad. Siguen la recomendación de San Francisco de Asís: “Cada vez necesito menos cosas y las pocas que necesito, cada vez las necesito menos”. Han decidido vivir de otro modo, sin nada propio. Practican la austeridad, autenticidad, ayuno, caridad, compasión, contemplación, humildad, mortificación, pobreza, pureza, sencillez, servicio, permaneciendo en el monasterio o convento hasta la muerte. Para ellas Dios es el único valor absoluto. Por Él han dejado muchos reclamos del mundo exterior. Se abandonan a la providencia divina. Alaban con la oración y el canto a Dios. Gozan de las obras del Señor. El silencio inunda el convento. Silencio y Palabra. Las hermanas callan, apenas hablan entre ellas, pero oran y cantan al Señor siempre y a todas horas.

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