Menos empresas, menos trabajo, menos jóvenes
Publicado el 02/06/2022 a las 08:38
La semana pasada, Navarra tuvo el dudoso privilegio de ser la Comunidad en la que más empresas se habían deslocalizado en el primer semestre del año. Llama la atención que una tierra como la nuestra, históricamente siempre a la cabeza en los rankings económicos y laborales entre Comunidades, haya alcanzado unos números tan pésimos en cuanto a captación y retención de empresas. Instrumento fundamental para generar puestos de trabajo, rentas y bienestar social.
La respuesta a por qué Navarra encabeza esa lista está bastante clara. Solo debemos conocer a qué comunidades han decidido emigrar dichas empresas. Madrid y País Vasco han sido los destinos seleccionados. Mientras en Navarra pagamos un 28 por ciento en impuesto de sociedades, en las comunidades antes citadas se paga un 25 y 24 por ciento respectivamente. Sé que solo un tres o cuatro por ciento más puede parecer poca cantidad. Sin embargo, esta situación, sumada a la incapacidad de crear nuevas infraestructuras -véase las noticias sobre el TAV estos días-, y al encarecimiento de las materias primas, el transporte, los hidrocarburos y la inflación, es lógico que los empresarios miren cada céntimo al milímetro e intenten recortar gastos de donde puedan. El dato antes expuesto es solo un síntoma más, un ejemplo del empobrecimiento de Navarra, de la nula capacidad de este gobierno para atraer empresas y talento. Éstos son solo algunos de los logros de la ineficaz política fiscal que está llevando a cabo el gobierno de Chivite y sus socios nacionalistas. Un ejemplo del, por desgracia, empobrecimiento de Navarra, de la nula capacidad de este Gobierno para atraer empresas, y para usar nuestra mayor ventaja competitiva, nuestros fueros. Nuestra capacidad legal para fijar los tipos impositivos y recaudar nuestros propios impuestos. Lástima que se esté utilizando para conseguir lo contrario y presionar fiscalmente a empresas, autónomos y personas físicas. Como muestran los impuestos de sucesiones, donaciones y patrimonio, que podríamos considerar como sacacuartos amorales. Existen numerosos ejemplos de que bajar impuestos funciona, de que se recauda más con menos, de que se atrae a más empresas, se genera más empleo y, en definitiva, se vive mejor. Miren hacía otros países, dentro del contexto europeo, o miren a otras comunidades dentro de nuestras propias fronteras. No hay que inventar nada, no hay que descubrir la pólvora. Vean, analicen y hagan las cuentas. Lo que más me disgusta y me revuelve de esta situación es pensar en nosotros, los jóvenes. Los que sufriremos las consecuencias futuras de las negligencias actuales. Yo, al igual que muchos otros jóvenes, ya lo estoy viendo en mi día a día. Amigos que se van a vivir a otras comunidades, como Madrid, o a otros países, como Alemania. ¿Quieren irse? La verdad es que no mucho, ¿tienen otra opción? La respuesta es que no. Personas formadas y preparadas. Con carreras, idiomas, un máster por aquí un máster por allá, prácticas, cartas de recomendación. Un CV perfecto para iniciar una carrera profesional en nuestra tierra. ¿La realidad? Pocos puestos de trabajo.
Me apena esta situación especialmente por el aprecio que tengo a Navarra. Porque, ideologías y partidos políticos aparte, el bien de Navarra debe estar por encima de todo, por encima de ideas y personas, y debe ser la brújula que nos indique el camino y el motor que nos aúpe a trabajar por ella. Reconozcamos lo que no funciona y exploremos otras vías. Si nos mantenemos estáticos, si no abrazamos nuevos planteamientos, si no exigimos soluciones, desembocaremos en una pérdida irreparable de capital humano y en una Navarra más desconectada, más atrasada y, en definitiva, más pobre.