Un sector vital

Irene Iribarren Garciarena, alumna de 3º ESO de Maristas

Publicado el 29/05/2022 a las 08:34

En los últimos meses, no hemos dejado de ver movilizaciones de trabajadores del sector primario en nuestras ciudades. El sector más importante, el que nos da de comer, se ahoga. Se trata de un notable incremento de los precios que, para este grupo, oscila el 40-70%. Por si fuera poco, la inflación se suma a la guerra de Ucrania, conflicto que afecta principalmente al campo. En primer lugar, los agricultores no pueden afrontar el precio de los carburantes y fertilizantes, producto que, desde la guerra, ha acentuado su subida. El gasóleo agrícola ha subido un 71%, lo que se traduce en unos 0,92 euros por litro más. Esta subida ha pillado por sorpresa a muchos de los agricultores de mi zona, que llevan toda la vida en este sector y, ahora, plantean dejar de producir.

Por su parte, los ganaderos sufren también las consecuencias. Probablemente, los que se llevan la peor parte son las granjas de vacas lecheras. La escalada de precio de los piensos y la electricidad, necesaria para los que tengan robots de ordeño, los ha situado en máximos históricos difíciles de asimilar. La leche de nuestros supermercados ha subido hasta 10 céntimos por litro; sin embargo, para los ganaderos esta subida es sólo de 4 céntimos. Para algunos, las ganancias salen en números negativos: desde hace meses no reciben beneficios y ahora tienen que cerrar.

En esta inaceptable situación, cada día en nuestro país cierran dos granjas de vacas lecheras. ¿Cómo es posible que no se haga nada para cambiar esta circunstancia? Creo que este problema nos afecta a todos y cada uno de nosotros, y que desde el Gobierno no se esté haciendo nada efectivo para mejorar, me resulta realmente injustificable. Yo, como persona que vive la ganadería y la agricultura de cerca, pues son las actividades laborales principales de mi padre y la que me da de comer a mí y a mi familia, me siento frustrada por ver cómo cada vez más pequeñas explotaciones ganaderas y agrícolas se ven obligadas a cerrar. Por todo ello, creo que desde el Gobierno se debería trabajar una solución lo más rápida posible para arreglar lo que es un gran problema, y beneficiar así tanto a los trabajadores del sector primario, como al consumidor. Ojalá este remedio llegue lo antes posible a nuestras vidas. De lo contrario, ¿qué va a ser de nosotros?

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