Un jugador sobresaliente

José Francisco Alenza García

Publicado el 24/05/2022 a las 07:12

Íñigo Pérez deja Osasuna. Su carta de despedida (publicada en el DN del sábado 21 de mayo) es un compendio de sinceridad emotiva, de sabiduría futbolística y de sentimiento osasunista que debe incorporarse a los escritos canónicos sobre Osasuna.

La carta de Iñigo toca muchas materias. Su polivalencia sobre el campo, se refleja también en esas reflexiones finales que hablan de su trayectoria, de la afición rojilla, de la esencia de Osasuna, del fútbol moderno (o fútbol como negocio) y otra serie de cuestiones que aborda con gran sensatez. Mi admiración por Íñigo no impide la discrepancia con la valoración que hace de su paso por Osasuna. Con un excesivo rigor, autocalifica su aportación futbolística con un 5’7. En los 84 partidos que ha jugado (muchas veces fuera de su posición natural) lo ha hecho siempre por encima del notable. Como dijo Andrea Pirlo: “al fútbol se juega con la cabeza y los pies son solo la herramienta”. Y la cabeza de Íñigo es privilegiada. En su juego no solo aportaba orden y sentido con su toque de balón: su extraordinario talento táctico, cubriendo huecos y ofreciendo ayudas, siempre hacía mejores a los compañeros que jugaban a su lado.

Ese notable de media (que fue sobresaliente en algunos partidos: aquel gol imposible de falta directa para la remontada en Mallorca ¿cómo lo hizo?) debe complementarse, con la evaluación continua: con su labor diaria en el vestuario, en los entrenamientos, en la formación del espíritu del equipo, en la proyección de las ideas de Jagoba, etc. En estas tareas su contribución ha sido máxima. De manera que, sumado el notable del campo, con la máxima calificación en las tareas fuera del campo, alcanza ya el sobresaliente. Que se convierte en matrícula de honor por la subida de nota que merece su brillante y sentida carta de despedida.

Dice, también, en la carta, que se marcha de Osasuna “sin pena, ni gloria (…) no hubo pulgar hacia abajo pero tampoco vítores”. Vuelve a equivocarse Íñigo. Ha sido una pena que las lesiones le impidieran aportar más en el campo. Y es una pena que un jugador con su cabeza deje Osasuna. Nos apenas que se vaya. Y va con gloria. Según la RAE, gloria es la “reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona”. Se ha ganado una reputación y una fama de un jugador talentoso y con cabeza y, además, tiene el honor de haber demostrado grandes cualidades personales. Por ello, merece que un vítor con pintura roja realce su nombre en las paredes de Tajonar.

Esperemos que la despedida sea temporal y que algún día pueda regresar a Osasuna para seguir aportando cabeza y sentido común a nuestro querido club.

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