Fútbol es fútbol

Francisco Javier Sáenz Martínez

Publicado el 27/04/2022 a las 08:07

El IPC desbocado, los horrores de la guerra en Ucrania, los coletazos del virus, etc, nos obligan a buscar un efecto placebo que de forma efímera nos haga olvidar los sinsabores cotidianos y en eso llegó el fútbol. Una final de Copa del Rey: dos ciudades, dos equipos, dos aficiones y el resto del país expectante y con sana envidia. La diosa Fortuna debía decidir si las lágrimas de alegría desbordante o de sollozo desconsolado aumentarían el caudal del Guadalquivir o del Turia, si la sonrisa iluminaría la Giralda o la Ciudad de las Artes y las Ciencias, si las tracas valencianas enmudecerían a los cohetes sevillanos, si el tapeo vencería a la paella y si el verdi blanco ondearía más alto que el blanco. Al final, de penalti, la diosa emitió su veredicto; qué paradoja que mucha gente se sienta incapaz de ver tirar un penalti, cierre los ojos embargado por la emoción y sin embargo devore con avidez las escenas más cruentas y crueles que nos muestra la guerra en estado puro. Un penalti convertido en gol que marca una gran diferencia; supone acceder al escaparate europeo, una importante inyección de dinero al club vencedor, un revulsivo económico y anímico para la ciudad. Las penas con goles parece que son menos penas aunque sigan ahí. El fútbol es imprevisible, en unos segundos la cara se convierte en cruz y viceversa. El difunto Vujadin Boskov dejó una frase para la posteridad: “Fútbol es fútbol”. El ser humano agitado por todo tipo de acontecimientos necesita de vez en cuando quitarse el corcho y que su tensión se desparrame como si fuera champán pero evitando las inundaciones etílicas y las efusiones férvidas.

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