El mayor triunfo
Publicado el 09/04/2022 a las 09:28
Estos días he andado más que nunca ahondando en mis ultracongelados pensamientos filosóficos. La verdad los tenía a menos veinte grados al lado de algún langostino neuronal después de creer haber olvidado casi ya la pandemia y tras mi paréntesis vacacional donde en invierno me rodea el calor caribeño. Si, parecía haber vuelto a la vorágine diaria donde el hacer se come al ser, donde el tener y el ganar dinero o estatus no deja tiempo a las preguntas fundamentales que yo personalmente me debo hacer de vez en cuando para tomar conciencia del cotarro existencial. Abril es mi mes para abrir el recoveco emocional donde por gracia y desgracia veo siempre de cerca la vida y la muerte. Mes de mi cumpleaños, el de mi madre y de varios amigos, y mes también de la muerte de mi hermana y de uno de mis ídolos como David Beriain. La vida es dicotómica como nosotros, siempre me pregunto, ¿por qué nos es tan difícil cambiar de opinión si podemos cambiar de estado emocional en minutos? ¿Por qué para otros siempre tenemos que tener las mismas convicciones si la vida es cambio? Yo la verdad necesitaba volver a recibir un chute de realidad y lo tengo en forma de nueva familia. Me harté de la matraca del telediario vocero con la guerra y este año gracias a la idea de mi mujer decidimos hacer en vez de quejarnos, decidimos no juzgar y ayudar pasase lo que pasase. La verdad, cada gota de vida que he recibido estos últimos años con los cambios de realidad que nos han sobrevenido nos han ayudado a ver que en un día estas descorchando una buena botella de vino y al día siguiente estas cogiendo a tu hijo y a tu suegra y conduciendo a no sabes dónde con la única misión de esquivar las bombas para sobrevivir. De por qué ha ocurrido no puedo hablar lo que sé es que la familia ucraniana que tenemos acogida se miraba al espejo viendo lo que yo, una familia europea en libertad y medio acomodada con futuro y seguridad. El agradecimiento que sienten y nos muestran es infinito, pero yo por mis adentros les estoy muy agradecido de enseñarnos a mí, a Sara y a mis hijos la dignidad humana, la solidaridad y la templanza para sacar sonrisas entre tanques, drones y misiles. Sabía que algo me faltaba y el poder ayudar y sentirme realmente útil en algo importante por una vez en mi vida es algo que me hace ser realmente feliz y entender por la vena la humanidad. Gracias a mis padres y a la familia de Sara por habernos inculcado estos valores. Ahora siento de verdad que la sonrisa de Alena, Oxana y Matew valen más que cualquier triunfo laboral o social. Que cualquier beneficio u objetivo en facturación y que me hacen más si cabe sonreír, bailar y disfrutar como si no hubiera un mañana siendo estos actos en esencia la parte iluminada del ser humano. La otra se la dejo a las noticias. Agradezco de veras que están en el supermercado, en la farmacia o diciéndonos a nosotros cómo se les puede ayudar. ¡syla ukrayiny!