No a la guerra
Actualizado el 16/02/2022 a las 07:46
¿No a todas las guerras? ¿O a unas sí y a otras no? Hace no tantos años la Gala de los Goya eran un clamor reivindicativo por la paz y fraternidad mundiales que estaban siendo holladas por las botas de los soldados del Tío Sam; desde el escenario se exaltaban los ánimos con arengas, camisetas reivindicativas eran visibles entre el distinguido público y la política primaba sobre el espectáculo. Las guerras de Iraq, Siria y Afganistán concitaban la ira de todos los presentes y la exportaban gracias a las cámaras. A día de hoy otra espada de Damocles pende sobre nuestras cabezas, oímos a lo lejos el galopar del caballo rojo del Apocalipsis montado por un jinete blandiendo una gran espada. Este año, una ceremonia vacua con su etiqueta y entretenimiento no exento de frivolidad ha obviado la amenaza; es lo que tiene cuando el presunto agresor no es “yankilandia” y uno se pregunta si un niño o mujer ucranianos son menos al no ser iraquíes, sirios o afganos y si profesar el cristianismo ortodoxo no conlleva la misma solidaridad que la fe islámica. Por cierto, el mundo de la farándula nunca, jamás, protestó lo más mínimo cuando el terrorismo campaba a sus anchas en nuestra piel de toro. ¡Que continúen la fiesta, el regocijo, la diversión y la subvención! La casta endogámica vive en su burbuja.