La vergüenza de Afganistán

Carmen Olorón Goñí

Publicado el 10/10/2021 a las 16:19

En este comienzo de curso, quienes hemos tenido la suerte de nacer aquí, enviamos a nuestros niños y niñas al colegio o a la escuela, al Instituto o a la Universidad. Todo ello con la intención de formar hombres y mujeres -como se decía antes- de provecho. Hombres y mujeres -personas- que cogerán el testigo de los que se vayan retirando, para continuar y mejorar no sólo la especie sino también la esencia, potencia y presencia de un país que deseamos progresista, de verdad.

En este comienzo de curso también los mayores, tenemos la gran suerte de contar con un magnífico profesorado y unas aulas universitarias a nuestra disposición. Ahí están, entre otros, el aula de la experiencia y los cursos de extensión universitaria adonde acudimos a beber del pozo del conocimiento y la sabiduría. ¡qué gran suerte haber nacido aquí!

Mientras tanto, ahora mismo, las niñas y mujeres que nacieron en Afganistán están condenadas -porque sí- a la cárcel de sus indumentarias, de sus viviendas, de su falta de formación y trabajo. Condenadas, en su inocencia, al analfabetismo y la pobreza, la reclusión y la violencia. ¡Qué vergüenza! Y todo ello, ¿en nombre de qué? ¿De una Ley que cercena la base de todos los principios, la libertad? ¡Pues qué bien!. El país ha vuelto al medievo. Látigo en mano se castiga -y nadie las defiende- a las pobres afganas en plena calle. ¡Qué vergüenza! Las pocas mujeres preparadas que vivían en el país, lo han abandonado ante el temor de las funestas consecuencias de su superioridad intelectual y moral frente a las hordas invasoras. Y quienes no tuvieron padrinos para salir, sufren recluídas las exigencias machistas, violentas y discriminadoras de un ejército que ni siquiera merece tal nombre. No creo que EE.UU. tenga que ser el guardián del planeta, pero seguro que existen instituciones creadas para ello -¿Naciones Unidas?-. Es más, si no actúan en casos tan flagrantes, pregunto, ¿para qué sirven? El tema recuerda escandalosamente a Europa mirando hacia otro lado. mientras los trenes repletos de judíos la atravesaban camino de los campos de exterminio. Ahora somos nosotros, tú y yo, nuestro país y el de al lado, el de la izquierda y el de la derecha, el de arriba y el de abajo, quienes miramos hacia otro lado. ¡ Qué vergüenza!

Como mujer, como persona y como ser humano, exijo a “quien corresponda” que tome cartas en el asunto y, cuando menos, que cree un corredor humanitario, no para llevar alimentos, que también, sino para que toda mujer que lo desee pueda salir libremente de ese infierno llamado Afganistán. Y ojalá que allí se queden todos los barbudos opresores sin una sola mujer a su alcance, aplicándose la sharía a sí mismos, con un gobierno de hombres y para hombres con sus látigos y sus kalashnikov, y si se aburren que se den una vuelta por su Departamento para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio o se disfracen con los burkas abandonados y se paseen por Kabul dándose latigazos unos a otros. No se merecen otra cosa. No se merecen a ese ser maravilloso llamado mujer, que un día los llevó en sus entrañas y les dió la vida.

Carmen Olorón Goñi

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