Respeto para todos

Loli Echeverría Barbarin

Publicado el 03/10/2021 a las 09:46

Cuando una madre se abraza a su hija o a su hijo, lo hace con todo el cariño que siente por alguien que es importante, más aún, esencial para ella. Cuando le cuida y le arropa es porque el amor que siente le mueve a hacerlo, aunque tenga que quitarse su propio abrigo. Cuando le riñe o aconseja, está pensando en el bien de esa otra persona, a pesar de que suponga contratiempos en la relación entre ambos.

En definitiva, una madre ama a su hijo o hija por encima de todo y eso significa que lo respeta, lo acepta como es. Aunque no siempre esté de acuerdo y pueda avergonzarse por lo que ha hecho en un momento dado, ¡nunca por ser lo que es! Yo soy madre de tres chicos. A los tres los quiero con locura y eso me lleva en muchos momentos a reñirles, a “intentar corregirles” e incluso a enfadarme con ellos.

Hace que sufra cuando no están bien y que intente ayudarles y protegerles para que no lo pasen mal. Pero, al final, cada uno lleva su camino y, a pesar de mis miedos, deseo que vivan su vida y que se encuentren con lo que esta les depare: para bien y para mal. Eso sí, que sepan que “estoy aquí”, junto a ellos. Que no olviden que los quiero, siempre y en todo caso, y que para mí lo más importante es que sean felices. Los quiero porque son mis hijos: sean rubios o morenos, altos o bajos, tengan pareja o no, sean aplicados o vagos; los quiero porque son ellos y, aún con sus cosillas, son buenos chicos. Es por esto que no puedo evitar enfadarme cuando oigo a otra “madre” decir públicamente que si “su hijo/a fuera homosexual no querría nietos” o que “lo/a llevaría a terapia para que lo curaran”. No entiendo este amor de madre o padre que hace que lo importante sea lo que ellos quieren por encima, incluso de lo que sus hijas/os son. Se olvidan de su felicidad anteponiendo a la misma lo que ellos desean.

Quieren elegir de quién se tiene que enamorar su hija/o, si de otro hombre o mujer. Igual que podrían decidir sobre la ideología, la posición social o la raza de ese amor (siempre les quedará el remedio de poder llevarlos a terapia para conseguir que se des-enamoren del “inconveniente” para hacerlo de alguien más adecuado). Como he dicho, yo soy madre de tres chicos. Lo que no he contado es que dos son CIS y uno TRANS. Y, ¿saben por qué? Porque eso no es lo importante, no es lo principal. Soy mujer porque así me siento: no porque me lo digan o elija serlo, con mi propia orientación sexual, raza, altura y sordera, entre otras “cualidades”, y nadie puede estigmatizarme, amenazarme, insultarme, agredirme ni matarme por ser lo que soy. Ni en la calle, ni desde una tribuna política o un medio informativo (quienes lo hacen no merecen ni salir nombrados en esta carta). Y, como también soy madre, me niego a aceptar que lo hagan con cualquiera de mis hijos.

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